Esta película de producción inglesa, despertó curiosidad en el espectador nacional. Una vez estrenada, unos fueron a verla por haber oído de la obra de Orwell en que está basada; otros, que habiendo leído ese excelente libro, fueron a ver "la mejor adaptación jamás hecha"; hubo quienes, con un morbo muy especial, asistieron a ver la última actuación de Richard Burton. Acerca de la adaptación hecha, no fue tan rígida y estricta como nos la querían presentar; los guionistas se permitieron alterar el orden temporal de las escenas tal como se sucedían en el libro, asimismo inventar situaciones no presentes y además, juntar en una sola escena, situaciones que en la obra literaria ocurren en tiempos y lugares distintos. Esto no desvirtúa en modo alguno a la película, como producto visual, pero hay que ser honrados con el público. Por otro lado, las actuaciones no merecen un calificativo menor que el de magníficas. Los actores encajaron adecuadamente en el espíritu de los personajes orwellianos y los tipos físicos, resaltando John Hurt como Winston Smith, se corresponden con las descripciones del libro. Burton, en su papel del fanático O'Brien nos dio lo mejor de si. La labor de dirección muestra una firmeza pocas veces lograda y la producción se reveló muy eficiente. Por último, debe destacarse el aspecto más importante de la cinematografía en cuanto a arte visual, la fotografía, que en 1984 nos sumerge en una atmósfera de agobio y asco, de náusea ante el modus vivendi del mundo de Orwell; convirtiéndose esta atmósfera en un personaje independiente y válido por si mismo.
1986
