Desde los remotos orígenes de la humanidad, el hombre se ha esforzado en comprender cada vez más el mundo que lo rodea. Podemos considerar que éste ha sido el estímulo fundamental del desarrollo humano.
Ciencia Ficción, un género aparentemente reciente, expresa las inquietudes del ser humano ante su universo físico y mental. Inquietudes que han estado siempre presentes y que se han reflejado en diversas obras a lo largo de la historia. Las utopías de Platón, las obsesiones de Tomás Moro, las inverosímiles aventuras de Cyrano de Bergerac, algunas obras de Edgar Allan Poe y varias novelas de Julio Verne reflejan la necesidad del hombre de buscar nuevas fórmulas para comprender el universo. Pero es sólo a partir de la revolución industrial cuando se comienzan a definir claramente las particularidades del género. Frankenstein, escrita en 1818 por Mary Shelley, es la primera obra que conjuga exitosamente elementos que posteriormente definirán buena parte del género: el poder de la ciencia ante lo incognoscible, la vida y la muerte; la imprevisibilidad de la investigación. Sin embargo, será H. G. Wells quien erigirá las primeras líneas temáticas del género. La Máquina del Tiempo, publicada en 1895, nos sumerge en el viaje a través de las eras. Un científico que construye un artilugio que le permite viajar hasta el futuro lejano, vislumbrando un peculiar sistema. El elemento de anticipación ya trabajado en las utopías renacentistas alcanza aquí un nuevo relieve a través del elemento científico.
En su segunda novela, La Guerra de los Mundos (1898), toca por primera vez el ahora ya trillado tema de una invasión extraterrestre, donde la tecnología es parte integral del relato, demostrando por contraste la gran diferencia entre las tecnologías de dos sociedades en pugna. Estos temas y elementos serían desarrollados y ampliados sus horizontes, primero esporádicamente para luego, a medida que se fueron consolidando en el ámbito literario y en su esencia, adquirir un impulso vertiginoso.
Corría la década de los años veinte cuando Hugo Gernsback (un autor de varios relatos de Ciencia Ficción por lo demás no muy sobresalientes) funda Amazing, la primera revista de Ciencia Ficción. Esta iniciativa fue imitada por publicaciones similares, de gran profusión durante los años treinta. Fueron los llamados "pulp" de papel barato y quince centavos de dólar. Es la época de la Astounding de Campbell. John W. Campbell, director de esta revista durante más de treinta años, reunió a su alrededor un equipo de escritores de la talla de Lester Del Rey, Isaac asimov, Robert Heinlein, L. Sprague de Camp y otros. Esa publicación señaló las directrices del género durante ese período, por lo que fue llamado la era de Campbell. Este decenio, 1930-1939, es considerado por muchos como la edad de oro de la Ciencia ficción, una década plena de clásicos del género. Es la época del Nightfall de Isaac Asimov y la Odisea Marciana de Weinbaum.
Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, se crea un receso involuntario. La escasez de papel produce la debacle de innúmeras revistas del género y, con ellas, desaparecen muchos de los grandes autores de la década anterior. A pesar de ello, durante la guerra, algunos escritores se mantuvieron activos y continuaron su labor creadora. De esa etapa provienen Las Crónicas marcianas de Ray Bradbury.
Cuando termina la guerra, resurge con nuevas fuerzas la industria editorial, dando cabida no solamente a nuevos valores, sino también consagrando a los antiguos. En las décadas anteriores, la temática del género decantaba hacia imágenes ingenuas y optimistas sobre las aplicaciones y los logros de la ciencia. El hombre dominaría la naturaleza y sus propios impulsos, creando, así, la utopía científica. A partir de las cenizas de Hiroshima, el concepto sobre la ciencia cambió radicalmente, y esta idea influyó en una producción caracterizada por las grandes hecatombes y una visión pesimista del futuro de la humanidad. Esta etapa, además, presenció el nacimiento de las primeras recopilaciones de los relatos, series y novelas cortas de los grandes autores. Es la época de 1984 de George Orwell, de la trilogía de las Fundaciones de Isaac Asimov y del Mundo Feliz de Aldous Huxley.
Por fin llegamos a la década de los sesenta la cual significó un cambio abrupto en la concepción del género por parte de los escritores. La New Wave abanderada por autores del calibre de Gordon Dickson, Harlan Ellison y Raphael A. Lafferty, produjo una nueva Ciencia Ficción basada, más que en la ciencia en si misma (Ciencia Ficción dura), en las implicaciones filosóficas y morales de la utilización de ésta, explorando el mundo psicológico de los personajes y los cambios producidos en él por los avances tecnológicos.
Actualmente, la Ciencia Ficción explora un universo de ideas inmensamente amplio, sus límites se difuminan y confunden con el territorio de otros géneros literarios, en especial la fantasía, sin perder su individualidad. La Ciencia Ficción ha llegado a abarcar, luego de este largo proceso de afianzamiento y consolidación, disciplinas tan variadas como la psicología, la antropología, la paleobiología, la matemática, la bioestadística, la historia y la filosofía, aunadas a otras disciplinas ya tradicionales en el género como la física y la biología.
Una manifestación artística que le ha dado mayor realce y popularidad al género han sido las películas cinematográficas. Estas surgieron a la par de las grandes revistas de Ciencia Ficción de la década de los treinta y representaban en su mayoría episodios triviales e insulsos, donde buena parte de la trama se perdía en una insípida acción. Estos primitivos filmes de basaban principalmente en los comics más populares de la época. Exceptuando poquísimas obras de alta factura como Metrópolis, una de las precursoras del cine de Ciencia Ficción, el resto era un montón de celuloide de muy escaso valor. Metrópolis, filmada en 1926 y dirigida por Fritz Lang, es un filme sin sonido en donde se fusionan el poder opresor y alienante de la tecnología bajo un gobierno tecnócrata de caracter esclavista con las luchas sociales imperantes en la época.
A finales de la década de los 60, Stanley Kubrick produce una obra maestra de la Ciencia Ficción cinematográfica: 2001: Odisea del Espacio. Película basada en un cuento corto de Arthur C. Clarke titulado El Centinela, la obra fílmica intenta dilucidar el posible origen, rumbo y destino de la humanidad. En esa película se manejan eficientemente los efectos especiales sin caer en excesos innecesarios. A pesar de estas distinguidas excepciones, la regla general ha sido la perfección técnica en menoscabo de la calidad artística y argumental. Sin embargo, entre las mejores producciones cinematográficas de Ciencia Ficción de los últimos años tenemos: La Naranja Mecánica, Brasil, 1984, Fahrenheit 451 y Blade Runner.
Definir Ciencia Ficción siempre ha sido un trabajo arduo ya que de una forma aparente, y habrá alguien que diga que no sólo aparentemente sino de hecho, sus límites no se encuentran bien definidos; sin embargo, lo dicho a lo largo de este artículo contradice esa idea. Ciencia Ficción es un género que maneja infinidad de temáticas y posibilidades, es capaz de aglutinar en si mismo una gran variedad de ideas que por su propia naturaleza la hacen inagotable.
Entre los elementos clásicos que integran la Ciencia Ficción se encuentran extraterrestres, científicos locos y no tan locos, batallas a nivel cósmico, invasiones a la Tierra por seres malignos o benignos, o totalmente indiferentes al hombre; exploraciones espaciales, viajes en el tiempo, a través de las dimensiones, mundos perdidos, lógicas sin lógica, regresiones temporales, ciclos infernales y guerras nucleares. Las máquinas destructoras, voladoras, espaciales, temporales, orbitales, y... los robots.
Esta palabra fue acuñada por Karel Capek en su conocida obra de teatro R. U. R. y sistematizada por Isaac Asimov con sus famosas leyes robóticas en su libro Yo, robot. Los robots también han evolucionado dentro del género, y su evolución es un reflejo de la evolución de la Ciencia Ficción. Desde aquel ser de metal con lógica desvatadora y perversa, totalmente ausente de humanidad, hasta el casi androide que posee una personalidad humana y un tanto diferente, más allá de la concepción del hombre.
En Latinoamérica la Ciencia Ficción comenzó a introducirse lentamente, primero bajo la forma de películas y comics (la mayoría de muy mala calidad), posteriormente arribaron traducciones de obras de autores anglosajones de gran renombre que comenzaron a influir, aunque muy someramente, sobre escritores latinoamericanos, principalmente en Argentina y México, y en Europa, España, en la cual existen publicaciones periódicas de este género. A pesar de todo, y a pesar de las magníficas contribuciones de Borges, Hugo Correa, Pedro Berroeta y muchos otros, la contribución castellana al género ha sido más bien escasa, pero con características originales y propiamente hispanas, que le dan una distinción muy particular y propia.
1986
