Para los hunos la mujer más bella era la más redonda y de nariz más respingada.
Los japoneses admiraban sin duda los pies pequeños, las manos delicadas y los senos diminutos.
A principios de siglo, en occidente las más bellas mujeres eran regordetas rubias de bucles dorados.
Para los actuales norteamericanos basta una escuálida figura y un busto de 120.
En latinoamérica son caderas estrechas y gluteos redondeados, terminados en macizas extremidades.
Aprendemos a escribir para una época, para un público, no somos mejores, sólo diferentes.
No hay duda alguna que el papel de juez y jurado es de Dioses y no de hombres. Nada hay más patético que un grupo de humanos sometidos a este papel. Las palabras, los estilos y las estructuras pueden variar, pero siempre resalta sobre sus hombros la pesada carga de las decisiones. Algunos imparciales, otros emocionales pero todos en mayor o menor grado subjetivos y erráticos.
Se establecen normas, formas, escalas para dar una pauta, una base, de la cual sostenerse y avanzar: errores ortográficos, repetición de palabras o de ideas, continuidad, ambientación, uso o abuso de verbos, sujetos, adverbios, complementos, originalidad, tratamiento... y muchos más. Pero todas ellas no son más que una tosca guía en los dictámenes del cerebro, en el que la racionalidad y la emotividad se disputan dentro de cada uno la supremacía, a la hora de dictar un veredicto.
en la mayoría de los concursos de participación masiva cada juez lee sólo algunos cuentos y de la gran mayoría sólo algunos párrafos, si éstos no logran atrapar su atención el trabajo es desechado sin mayores complicaciones. Tal vez estos grandes jurados tengan más "herramientas" para juzgar un relato, pero creo que en la mayoría de los casos sólo dirían lo mismo, con palabras más rebuscadas, y la justicia cede el paso a la eficiencia.
Tal vez no seamos los mejores pero tampoco creo que los peores, hay miles de formas de elegir un ganador y una escala de "mejor" a "peor". Hemos pasado por varias intentando alcanzar una justa y eficiente. No lograremos alcanzar la perfección en este sentido porque la perfección no es una cualidad humana, pero siempre nos empeñamos en acercarnos lo más posible a ella y en eso reside el mérito, la valía de un veredicto.
En nuestro caso cada jurado lee varias veces cada relato que nos llega y luego a través de varias rondas de amena (y a veces agresiva) discusión, se establece la posición de cada relato en una escala general.
Así al final aquellos que mandan un relato al concurso aceptan poner su cabeza en el sendero de nuestra aplanadora, parece injusto entonces que después nos señalen con el dedo mientras gritan:
"¡Quienes son ustedes para juzgar mis creaciones!"
Unos pobres hombres que asumimos el papel de Dios con tu venia, contestaría yo.
Algo imperativo de recordar para cualquiera que haya superado las primeras etapas de la escritura es lo concerniente a los gustos.
Aprendemos a escribir para una época, un público, no somos mejores sólo diferentes. En fin, para bien o para mal en esta publicación se presentan algunos de los relatos originales que a juicio de jurados siempre cambiantes fueron los mejores en determinada ocasión, queda de usted paciente lector decidir si son o no de su agrado.
1993
