(con impertinentes interrupciones de Jorge De Abreu)
Por esas oscuras razones del destino, el anterior artículo tardó más de cinco años en ver la luz; durante ese período de tiempo han ocurrido muchas cosas: Murió Asimov y yo pude leer "Fundación y Tierra" y "Preludio a la Fundación", de tal forma que no leerán únicamente la opinión del bueno de JCAN (conocido así por sus siglas, leánlo jotacan, aunque creo que la mayoría lo llama Juan Carlos).
Juan Carlos tiene razón cuando menciona que los dos aportes más significativos, y trascendentales, de Asimov en la Ciencia Ficción son su trilogía de las Fundaciones y las tres leyes de la robótica. La trilogía tuvo, y tiene, una enorme influencia sobre los lectores del género, pero escasamente influyó sobre los escritores (que son los que al fin y al cabo construyen las historias); al contrario, las tres leyes de la robótica impactaron de lleno en la imaginación de los escritores y constituyen un punto de referencia obligado en la historia de los robots. Al respecto, soy de los que piensan que Asimov pudo haber terminado en ese punto (finales de la década de los cuarenta), abandonar el género y dedicarse a salvar almas. Pero no, el hombre, acuciado por el éxito placentero se entregó a los brazos del demonio Mercado y enfebreció su mente con las visiones cósmicas, globalizadoras y totalizadoras de A. E. Van Vogt. De esa orgía "creativa" nacieron sus relatos "remiendo" sobre los robots y las dos últimas obras de serie "Fundación". Asimov, presa de fiebre cerebral intentó, a mi juicio sin conseguirlo, fallando miserablemente, unir en un todo coherente (como ya ha explicado Juan Carlos en el artículo anterior) los relatos y novelas de Ciencia Ficción que había escrito desde que era un muchacho flaco y desgarbado en el Nueva York de finales de los treinta. Ahora, al respecto, hay un punto importante, Asimov, en su proyecto, se planteaba la necesidad de unir sus dos más brillantes temáticas para que la obra fuera completa: los robots y las Fundaciones. Ya había comenzado a aproximarlas desde el lado de los robots, con dos colecciones de cuentos escritas a mediados de los ochenta. Sin embargo, le faltaba el último y mayor remiendo a ese gran globo de aire caliente para que pudiera alzar vuelo y perderse de la vista de los mortales; faltaba meter la mano en el universo fundacional (extrañamente carente de robots hasta ese entonces), colocar la pieza "genial" (¡te la comiste Asimov!, ¡qué bueno eres! -aplausos-) que le diera a Asimov un lugar al lado de Tolkien y Lovecraft en el Olimpo de los grandes creadores de Universos. Así que nuestro héroe se puso a escribir (cosa que para él no resultaba nada difícil) y publicó las dos últimas piezas del universo fundacional, a partir de ese momento indisolublemente unido al universo de los robots, para desdicha de este servidor -Aaaaaaaaaaaaahhhhhhh-.
El gran "gancho" del universo Fundacional lo constituye su sabor a epopeya histórica (algo así como leer "Los nueve libros de la historia" de Heródoto, o más precisamente, la "Historia universal" de Pirenne), por lo cual en mi humilde opinión -aunque habrá quien diga, que dónde tengo la humildad- el mejor de los volumenes es el primero: "Fundación", luego comienza la etapa de intrigas (el mulo y compañía, que aunque no desmerecen la trilogía original, si disminuyen su intensidad). El cuarto volumen "Los límites de la Fundación" mantiene la tónica "detectivesca", de "saga personal", de los volúmenes segundo y tercero (ya mencionados: "Fundación e Imperio" y "Segunda Fundación"), aunque lentamente la línea argumental se había desviado de la historia, y psicohistoria, del colapsado Imperio Galáctico, aunque tampoco las intrigas y rivalidades entre las dos fundaciones son ya el motor de la trama. Así llegamos al quinto volumen: "Fundación y Tierra" donde la descomposición se hace patente. Asimov necesitaba un robot para empalmar su vasto proyecto de universo, y lo consiguió, se puede decir que se sacó el robot de la manga... el final es tan patético.
En "Preludio a la Fundación" se consuma el crimen. Como lo había previsto Juan Carlos, la obra se encuadra al comienzo de la historia fundacional, pero ahora "matizada" por la nueva visión totalizadora de Asimov; la talla histórica de Hari Seldon, el artífice intelectual de las Fundaciones, se ve disminuída y anulada, lo importante son los robots, así los robots irrumpen en el universo fundacional. No obstante, la muerte cortó las ambiciones de Asimov, quien ya tenía en proyecto un séptimo volumen de la serie.
La muerte de Asimov acaeció en abril de 1992, esa misma semana leí con incredulidad la noticia en los diarios, Asimov tenía esa aura casi inmortal que tienen todos los dinosaurios de la Ciencia Ficción (a pesar de que el Cenozoico ya se les vino encima). Recuerdo que llegué a UBIK un día miércoles (¿o jueves?) y me encontré con Víctor Pineda, y nos pasamos la mañana rememorando lo bueno y lo malo de Asimov, la suerte del género sin él, y la gran mortandad que se abate sobre todos los gigantes de la "Edad de Oro". Confieso que Asimov dejó un notable vacío en la Ciencia Ficción, hasta mi corazón derramó una lágrima y media en tributo al prolífico escritor. Pero ciertamente que el más fanático de todos nosotros en su adoración al escritor que había en Asimov era Juan Carlos, todo un "fan", como esos que pululan en el norte y organizan convenciones, y se abalanzan en las ferias de las convenciones, y golpean y escupen electrónicamente a otros "fans" que tienen la desdicha de emitir opiniones contrarias a las suyas propias... ¡De acuerdo!, ¡de acuerdo! Estoy exagerando...
Lo cierto es que Juan Carlos había indagado, revisado, investigado y finalmente conseguido la dirección de Asimov. El tenía un sueño, no uno tan grande como el de Martin Luther King, pero era un sueño al fin; él tenía la dirección de Asimov y tan pronto saliera, graduado o no, de la USB iba a hacer lo imposible por visitar a Isaac Asimov. Consiguió lo que se proponía... salir graduado de la USB, pero tardó dos años en poder ir a Nueva York, esta es su historia:
Sres. UBIK
(Jorge -ese soy yo-, Orangel, Yamil, Manolo y Herederos...)
Así comenzó una carta que envió a UBIK, meses después de su periplo por Estados Unidos.
Estimados... ¿aficionados?
Por medio de la presente quiero hacerme solidario de aquellos que lamentamos profundamente la pérdida de nuestro Bienamado Asimov. La Ciencia Ficción no volverá a ser nunca la misma para nosotros.
Como ven fue un duro golpe para Juan Carlos. Una buena porción de la carta describe su viaje por los Estados Unidos, incluyendo la pérdida de su bigote, 3000 millas hasta una choza "indígena" llena de artesanía, las sequoias, etc, etc, etc (como decía el famoso rey de Siam). Por fin llegamos al famoso "Día A" tal como el mismo lo define:
New York: 21 de marzo. 5:30 AM.
EL DIA "A":
Conseguimos por fin un hotel en las afueras de la ciudad a eso de las 10 AM (una vez conocida la tarifa diaria no quisimos molestarnos en buscar uno dentro de Manhattan).
En seguida tomamos un autobús al centro. Jorge quería conseguir un libro de medicina y yo sólo tenía en mente dar con aquella dirección que cuatro años antes había conseguido husmeando en la biblioteca de la universidad.
Juan Carlos fue a ese viaje con su hermano, el cual tiene el buen gusto de llamarse Jorge.
Una vez en Manhattan, bajamos del autobús y leo una vez más la dirección:
10 West, 66th Street
Apt. 33A, New York.
Tardo poco en descubrir que me hallo en la calle 24 con la Tercera Avenida. Una vez asimilada la idea de que estoy a cuarenta calles y siete avenidas de mi objetivo, emprendo la marcha.
Para colmo, del cielo ya nublado, empiezan a caer aquellos cristales helados, ya no tan hermosos como al principio.
No aguanto el dolor de las orejas y compro, en el camino, unas orejeras. De vez en cuando entro en una librería y compro unos libros (no pasaban cinco cuadras sin que extrañase el calorcillo acogedor de aquellas tiendas).
Después de todo este drama (que confío haya arrancado algunas lágrimas de los pacientes lectores), consigo llegar a la Décima Avenida (Oeste) con la calle 66. Es aquí donde me doy cuenta de un pequeño detalle en la dirección: ¡¡¡No tengo el nombre o número del edificio!!!
¿Qué más da? -pienso- total, la dirección es una esquina, y una esquina sólo tiene 4 edificios; pero no, una vez que empiezo a preguntar nadie conoce al Susodicho.
Sin salir de mi asombro, pronto acude a mi mente aquello de la tierra de un profeta... Pregunté en todos los edificios de las cuatro cuadras que tocaban la esquina, hasta que uno de los porteros (que hablaba español, por cierto) mira la dirección y dice saber dónde es la cosa. El problema estaba en que "10 West" no es la avenida, como toda dirección "normal", sino ¡el dichoso nombre del edificio!
Resignado a recorrer toda la calle 66, emprendí nuevamente la marcha y la preguntadera (al menos ya el cielo se estaba despejando).
Finalmente, coincidencia o no, justo cuando pude divisar el número 10 sobre el toldo amarillento de un edificio, el sol se asomó triunfante (no, no hubo ningún coro celestial).
Congelado, dudé por un instante en cruzar la calle hacia mi objetivo, pero al fin me animo a acercarme al portero (sí, todos parecen tenerlos) y pegunto por Aquel... pausadamente me responde que Mr. Asimov se encuentra muy enfermo y que está hospitalizado en una clínica por ahí.
Pausa...
En medio de mi pesar se me ocurre una posibilidad obvia: "Este CDM (ni del latín, ni del griego, está expresión es bien castellana y he insinuado su significado a través de sus siglas, debido al comité de censura de malas palabras y expresiones obscenas) me está cobeando" (que no andaba yo para finezas, ¡¡vamos!!). Así, mientras me tragaba mi indignación, acude a mi mente un escenario, un personaje, una circunstancia... un planeta desierto (que se suponía era el Edén) y un vulcano renegado que acababa de llegar, luego de haber provocado una serie de revueltas y robado una conocida nave espacial (una vez más: el fin justifica los medios), en busca de un Dios que parecía importarle un pepino lo que le había pasado para llegar a su encuentro. Entonces, el susodicho alienígena, clama al aire su desespero: "We have traveled far!!!") En mi caso no obtuvo la consabida respuesta en forma de movimiento telúrico, simplemente una sonrisa de mi interlocutor.
Sin rendirme, le expliqué dónde quedaba Venezuela y que comprendía que El Bienamado debía ser una persona muy ocupada, pero que me gustaría que al menos me diera una cita para dedicarme 15 minutos de su inapreciable tiempo.
Pacientemente, el portero me recordó que Este se encontraba en un hospital, agregando que creía que no viviría mucho... Pausa... Pero que si estuviera en condiciones, sería muy probable que concediera mi entrevista (lo cual no carecía de sentido, después de todo el ego de Ese es bien conocido y no creo que, si pudiese, desprecie una sesión con un babeante admirador).
Cabizbajo y meditabundo regresé al hotel, Nueva York había perdido su encanto.
Creo que lo más importante está dicho.
Anexo: Foto del referido edificio "10 West", copias del último editorial que Asimov publicó en la revista que lleva su nombre (debo aclarar que la conseguí poco antes de venirme y que aún no había muerto -murió el día de mi cumpleaños, por cierto, dramático ¿no?).
Esa es la historia del gran sueño de Juan Carlos, luego no le fue tan mal y hasta consiguió aparecer abrazado con Harlan Ellison, casí parecían compañeros de juerga... pero esa es otra historia.
La carta de Juan Carlos corresponde a 1992, mis divagaciones son de 1994.
