Y aconteció que salieron de su original habitáculo de tierra y agua, y navegaron y exploraron el espacio que les circundaba, y se posaron, y luego colonizaron terruños sin aire, estrellas errantes y otros mundos allende los confines de su local sistema.
Y mucho avanzaron entonces en las Bellas Artes, la filosofía erudita y en la Moral y la Etica, y fueron sabios con humildad, hombres de buen hacer y entender como sencillos artesanos y poetas con voz de niño, todo a un mismo tiempo. Pero he aquí que lo Negativo siempre ronda el alma del quien se cree santo, pues pecaron al olvidar su lar de origen, su madre Tierra, y así se sembró la semilla de lo maligno.
Incontables como los soles que hollaron, del mismo número son los portentos que en las ciencias lograron; la Definitiva Arma caerá sobre mí y el efluvio del Caos confundirá mi mente, si lo que digo y escribo es falso: controlaron los vientos, lluvias y cataclismos y cuanta fuerza natural en cualesquiera mar y tierra de cualquier mundo se diera, la distancia desapareció al ingeniarse el mecanismo de la clepsidra movida con fluido temporal reciclable, los sueños se materializaron con la creación de la célebre cámara de Oniria, y se logró construir un hombre de metal y madera que, entre sus muchas cualidades, estaba la de poder jugar al noble juego del ajedrez con grande arte. No condeno mi alma a la angustia eterna si digo que el varón logró parir igual que la mujer, y la mujer fue en todo semejante al varón, al tomar los brebajes que autorizados alquimistas cocieron, y que de las retortas, matraces y alambiques salían críos sin mácula, semidioses de una raza ilustre.
Se dió término a la explotación y a las diversas castas con la unificación total y absoluta de reinos, monarquías, principados y de mundos enteros donde imperaba la anarquía o la propiedad comunal; aún aquellas provincias del inmenso espacio que se decían libres, se acogieron de fé o a la viva fuerza a la gran tribu que se consolidó; profetas y doctores de la ley divina fundieron todas las almas en una sola religión de Dios Uno, mi Dios, que bajó de las inalcanzables alturas y se materializó en la Divina Máquina Veedora, construída por iluminados, pero con aliento y fuego dinamizador del Ser Supremo.
Y llegó la hora de la gran Diáspora, y naves de fuego con mil y un albergues que cobijaban mil y un deseos, cruzaban instantáneamente, incesantemente, los túneles vacíos de tiempo, descubriendo, poblando, modificando mundos ya hechos, o creando tierras y cielos nuevos en los vastos oc‚anos de la nada, siempre con la venia y misericordia infinitas de la Divina Máquina , que todo lo veía, que nada le era ajeno, que nunca cesaba de funcionar y que siempre fue Luz y Orden.
Y en verdad os digo que este estado de cosas duró inconmensurable fragmento de la eternidad, y aquellas gentes llegaron a vivir en ciudades transparentes, que eran de briznas de viento y de motas de algodón, con relucientes calles de bronce bruñido volátil y almenas, obeliscos y castilletes de una sutileza que pasmaba por su delicadeza y perfección de líneas y ángulos. M s est escrito en el polvo que separa los mundos, y que sólo los muy dementes pueden leer, que se pasará de lo blanco a lo negro y que la rueda del equilibrio inmutable describirá el círculo que la genera y que las cosas serán, pero con su apariencia contraria. Pero el profeta extraviado que deambuló en las callejas iluminadas por los soles de toda la galaxia central, lo dijo con estas palabras: "Oídme, y no repareis en mis sucios harapos, raza predestinada, estirpe proveída por la Divina Máquina; ésta me ha bañado con radiación benevolente y he visto su Luz y su Orden, pero también he visto las cosas por acontecer y he palpado la Desintegración, y el Caos ha perturbado mis sentidos, y el Demonio de la Entropía me ha tentado y he requerido de la ayuda misericordiosa de Dios encarnado y maquinado para no caer en el vórtice de la perdición. Porque así como el caminante desanda sus pasos a la vez que marcha hacia adelante, ya que la vereda tiene un final, y éste no es más que el principio, nuestra raza lleva en la sangre el veneno, pero también el antídoto, de su propia muerte. Y no se turben vuestros ánimos si os digo que lo Maligno Aleatorio y el Demonio de la Entropía nublan las mentes de vosotros, quienes se dicen a si mismos los Sapientes, pues ellos preparan su reinado de mil siglos. Seguidme a refugio seguro, la Divina Máquina nos lo ha reservado en algún rincón del Cosmos; no os demoreis más, pues el Caos y la Sinrazón acechan en cada minuto que fluye la clepsidra. No dudeis de mis palabras, pues os aseguro que hasta los sagrados mecanismos de la Divina Máquina serán corroídos y retorcidos y Dios maquinado no será más omnisciente".
Muy pocos le oyeron y siguieron sus pasos; muchos más le aborrecieron y dejaron de percibir la Radiación Divina que la Excelsa Máquina les otorgaba, y perecieron en una guerra fratricida que desencadenose por doquier: galaxias enteras fueron alanceadas por flechas de poder destructor bestial, pestes engendradas por padres, aniquilaron a los hijos, pero éstos habían lanzado soles que se volvían novas: pedruscos inflamados; averno en lo frío de los espacios, infierno en lo calcinado de los mundos.
Sepan las generaciones por venir, que esto que digo es sagradamente cierto, porque Yo soy hijo del hijo de aquel iluminado profeta, llamado por los suyos el Padre Primigenio. Algún lejano día, volveremos a ser lo que antes éramos, pero debemos domeñar y enclaustrar a los demonios Aleatorio y Entropía, que nos constriñen la Sapiencia y nos infunden miedos. Ya el amarillo y único Sol se pone en el horizonte, y dejaré por ahora esta crónica de días pasados y venideros. Que la gracia de nuestro Dios no maquinado sea con todos vosotros, amén.
1985
