Víctima de una anfotérica rimbombosidad plasmática sobreviví pensando en resinas biestables cristalino-amorfas. Luego fuí devorado por un plasmidio truculento disfrazado de lactobacilo acidófilo, pero era mi momento de esporular y me desdeglutió. Tal vez le caí pesado para la noche.
La fricción es imprescindible. La metadualidad progresó hasta hacerse postcinética y alcanzó niveles impredecibles de diametrismo. Sólo con los elementos residuales hubiera sido haloidea, pero con semerendo caudal de hipognósidos era imposible calcular nada. Recurrí a las habituales simbologías de "más allá de lo que la mente puede representar" en un intento de hacerme una idea de lo que estaba pasando. Había algo en mí que sabía lo que estaba ocurriendo pero yo no tenía ni idea de ello, ¡porque era inconcebible!
Creí captar un incremento progresivo en la velocidad de los eventos, pero todo se hizo tan rápido que perdió sentido para mí. Creó que sufrí una nueva deglución, esta vez por mí mismo, pero mi mente se ampliaba, primero suavemente, luego se expandió rápido, demasiado rápido, enorme, se fue, no veo nada, es una inmensidad vacía e incrédula.
Una luz, parpadea, se hace más grande, me inunda; toda la inmensidad es luz, luz, luz...
Me hundo, me siento caer, a lo oscuro, con un vahío plácido, relajado, girando. ¡El impacto! Me estremezco, un fluído frío me penetra surcando mis adentros, reacciono y contraigo para expeler.
He lanzado un berrido. Todo es luz, frío, lloro desconsoladamente. La matriz era cómoda después de todo. Se que he nacido de nuevo, pero los recuerdos se desdibujan, mis sensaciones se superponen y no puedo pensar, sólo sentir, sentir, llorar, respirar.
Pronto lograré controlar y maniobrar con este cuerpo tiritante en que estoy. Por alguna razón se me ocurre que la fricción es imprescindible...
1988
