A mi regreso de Eternia, me sentí diferente.
Los habitantes de ese mundo no morían, se dedicaban a envejecer y envejecer, parecían inmortales. Cada persona tenía su propia prehistoria. Sus raíces se remontaban en los comienzos de la humanidad.
Es un hecho difícil de explicar. Era como otra época, otro mundo.
Allí los viejitos seguirían envejeciendo día tras día.
Luego me fui para otro país; pero aquí sucedía lo contrario. La gente se moría a cada momento.
Allí se les enseñaba a los niños como morir.
Ellos anhelaban morirse de diferentes formas: parados, sentados, bailando, durmiendo, etc. Eso era lo imperativo para ellos. Algunos lograban sus metas, otros no, pues la muerte se les adelantaba.
Cuando llegué a mi país me sentí ciertamente extraña.
No sabía que sería lo más emocionante. Pensaba vivir eternamente, pero también pensaba que quería planear mi propia muerte.
Afortunadamente un amigo de otro planeta me aconsejó que soñar era una forma agradable de vivir.
Después, me dije que soñando podría pasar por los estados antes explorados. Así podría tener los más maravillosos sueños y las más espeluznantes pesadillas.
Esa forma de vida fue la que escogí.
Ahora, no sé si todo esto es un sueño, una muerte o una eternidad.
Quisiera tener la libertad de despertarme cuando quiera y así podría aconsejar a mis amigos acerca de como vivir... Quién sabe si pueda hacerlo... Quizás ya la muerte se nos habrá adelantado.
1990
