¿Por qué las Máquinas son así?

por Wilfredo Puignau

Desciendo rápidamente en medio de la pesada atmósfera. El sol se desliza sobre el firmamento con una trayectoria errática. No, no es el sol el que se mueve, la que se mueve es la nave. La nave que está efectuando cientos de maniobras para controlar todas las variables que le salen al paso en su descenso sobre el planeta. El panel de instrumentos está continuamente cambiando la información.

-Mamá, ¿jugamos Shecktouch?

-Sí, Pedro.

-Oye, Mamá, ¿por qué siempre me ganas?

-Sólo gano el 87,5% de los juegos, Pedro.

-Y las otras te dejas ganar.

Todo parece ir bien. Las lucecitas y las informaciones simbólicas llenan la pantalla, que a su vez llena el espacio frente a mi. Si algo saliese mal seguramente me estrellaría. Aun los pilotos expertos tendrían dificultades en una atmósfera como ésta. Yo sólo soy un técnico en prospección minera con una segunda carrera en materiales sintéticos.

-Mamá, ¿qué se siente ser una máquina?

-Las máquinas no sienten, Pedro.

-No sabes cuanto lo siento.

- ...

-Era un chiste, Mamá.

La visera de mi casco es fotocromática y está adaptada a mi sensibilidad visual particular, pero apenas logra protegerme del resplandor de esta estrella. El tlaxol que tomé antes de este vuelo evita que me maree. Las aceleraciones y desaceleraciones repentinas casi no me afectan. Mi traje de astronauta es una joya que me protegerá contra casi todo mientras esté en el espacio.

-Mamá, ¿nunca te has sentido sola?

-Las máquinas no sienten, Pedro.

- ...

Parece que la computadora de la nave me está dando las alternativas con los posibles lugares de planetizaje. Esta de aquí parece la opción más apropiada. El lugar está cerca del depósito mineral y tiene un excelente margen para el error. La selecciono y la nave se acerca al suelo. No hay problemas.

-Me gustan mucho las máquinas, Mamá.

-Te gustan mucho.

-Sí. De pequeño desarmaba relojes.

-¿Relojes?

Ya estamos sobre la zona. Hay algunas rocas en el lugar, pero con el descenso ultralento que he seleccionado para los últimos diez metros no debe haber dificultades. Bueno, bueno. Faltan ocho metros, siete. El polvo impide a las cámaras tomar al suelo, pero el espectro electromagnético es muy amplio y lo que sobran es ondas para captar los obstáculos. Cuatro, tres, esto es un juego de niños, uno, medio, un cuarto, contacto. Los amortiguadores entran en acción, la nave se posa suavemente en medio del polvo. Todo está bien, yo estoy bien. El Universo no ha estallado todavía y el juego puede continuar. En estos momentos me llena la paz absoluta, la tranquilidad de espíritu del jugador experto ante un reto convencional. Después ya veremos lo que sale al paso.

-Yo tengo que estudiar ensamblado de automotores, Mamá.

-¿Por qué, Pedro?

-Me gustan las máquinas.

Bien, la nave ha planetizado sobre una amplia meseta desértica. Excelente artefacto. Mis felicitaciones a las generaciones de ingenieros que hicieron posible esta maravilla. La atmósfera del lugar coincide con el análisis hecho por la nave matriz. Temperatura de 340º Kelvin, más que aceptable para los límites que puede soportar mi traje aislante, un poco más alta que los registros proporcionados por Mamá. Paraje árido, en efecto. Allá arriba ya todos deben estar muertos, cero problemas con eso.

Todo parece ir bien. Nunca dejo de asombrarme de la cantidad de cosas que podrían fallar aquí... Vamos a comunicarnos con Mamá.

-Hola, Mamá.

-Hola, Pedro.

-¡Qué bien!, no estoy solo, Mamá está conmigo.

-Pedro, debes dirigirte a 20 grados positivos del norte magnético del planeta.

Repentinamente algo falla. Siento que me voy a desvanecer. El cuerpo se vuelve gelatina. Voy a caer en una pesadilla, caigo en una pesadilla, caigo en una pesadilla, caí.

Una pegajosa sustancia se adhiere a mi piel. La camilla en la que estoy echado es un baño de pegamento caliente y viscoso. Me desplazo por un pasillo. La atmósfera es sofocante, espesa, asfixiante. Las miasmas, casi líquidas, que salen de agujeros en las paredes son tan densas que se deslizan hacia el suelo. Lucecitas que se encienden y se apagan en las paredes laterales, ¿laterales? ¡Estoy al revés! ¿Qué está pasando aquí? Ese panel está echando humo y el aroma a plástico quemado me impregna la nariz. Mi mente es un agujero que sólo capta sensaciones, pero no entiendo nada. No se ni quien soy, ni donde estoy. La angustia me aprisiona como patas de cangrejo, punzantes, duras y frías. Quiero gritar, pero no puedo, el sollozo se ahoga en mi garganta y lágrimas de puro y primitivo terror brotan a borbotones de los ojos.

-Pedro.

Emerjo como una boya del océano. Recobro automáticamente la conciencia.

-Mamá, me desmaye.

-Sí.

-¿Qué indican mis registros médicos, Mamá?

-Alteraciones por el descenso. Pasarán rápido. No te preocupes.

-Bien.

-Pedro.

-Dime.

-Tienes siete horas de luz.

Trabajo bien, rápido. Saco el vehículo de rastreo. Es pequeño, manejable. Qué bonita máquina. Subo en él las herramientas de trabajo. Diez atmósferas de presión y yo tan tranquilo. Conecto los motores y me desplazo con mi escarabajo sobre el desierto. Llevo buena velocidad. Si no hay demasiados obstáculos acabaré pronto. Excelentes los mecanismos de termorregulación. El planeta tiene unos colores extraordinariamente chillones. Es una amalgama desordenada, una sopa sin perspectiva de azules eléctricos, verdes fosforescentes, amarillos y rojos. Parece de juguete. Hay muchas rocas, sí, muchas rocas, muucas roocaas. Mudesa rocsar. Muresdt nitygh.

Yo pienso que nuestra misión no debe ser desviada de sus objetivos iniciales bajo ningún pretexto. Si firmamos un contrato para ir a ADF346, es nuestro deber cumplir. No podemos cambiar el rumbo a nuestro antojo. -Mira, Pedro, yo estoy de acuerdo contigo. Un contrato es un contrato. Pero nosotros no somos máquinas, somos seres humanos y tenemos un criterio y una responsabilidad hacia la humanidad.

-No podemos jugar con los intereses de la compañía.

-Estoy de acuerdo contigo. Por eso estamos aquí, todos, reunidos para decidir qué hacemos.

Esta es una oportunidad única. No podemos desaprovecharla sin antes, por lo menos, pensar en ella.

-Pedro.

Tengo un terrible dolor de cabeza. Miles de agujitas están pinchando mi cerebro. Cuando pienso sufro.

-Pedro.

-Mamá, me duele mucho.

-Pedro, debes darte prisa. Te quedan sólo cinco horas de luz.

Estoy al pie del escarabajo. Mi caída detuvo automáticamente el vehículo, que hace tiempo está esperando por mí. El parabrisas de mi escafandra está sucio con el polvo del planeta. Me incorporo con sorprendente rapidez. Casi sin pensarlo y ya estoy conduciendo de nuevo entre el árido terreno. Todo va bien. Mis reflejos están mejor que nunca. Un optimismo total me invade. Al fondo de aquel valle está mi objetivo. Diez minutos más y habré llegado. Esto es sorprendentemente fácil.

Sin previo aviso algo explota dentro de mi cráneo. Estoy cegado por un resplandor blanco perfecto. Todo se apaga y sólo queda el resplandor blanco, el más blanco que haya visto en mi vida. Caigo como una piedra hacia delante. Choco con los mandos del escarabajo y reboto hacia atrás.

-Están locos, Mamá. Quieren abandonar la misión porque dicen que hay un planeta con oxígeno a sólo, ¡sólo! un año luz del cuadrante donde nos encontramos.

-¿Y qué piensas hacer, Pedro?

-Quieren desviar la nave hacia ese sector y efectuar las investigaciones apropiadas. ¿Sabes lo que significan investigaciones apropiadas, Mamá?

-No. ¿Qué significan, Pedro?

-Por lo menos tres meses de trabajo intensivo y eso con una nave especializada. Con ésta el trabajo duraría bastante más de un año. Es una falta absoluta de ética. ¿Y sabes por qué quieren hacer todo eso?

-No.

-No es por el bien de la humanidad. Es por el crédito que obtendrán. A ellos no les importa que la compañía minera los demande al final del viaje. Saben que esta nave está en los registros de Godwana y si las investigaciones del planeta están bien hechas lograrán ser exonerados de la demanda judicial que la compañía montará. La ley indica claramente que el juicio deberá ser hecho en Godwana... Y hay pocas probabilidades de que un juicio como éste sea ganado allí. El gobierno gustosamente pagará lo que sea necesario a la división de justicia para que el veredicto sea favorable a estos saboteadores. Como debes saber, los planetas con oxígeno son muy raros... Tan raros y preciados que las federaciones han estado a punto de tener graves conflictos cuando han surgido casos dudosos sobre la posesión de los pocos que se conocen.

Abro los ojos. No, no los abro. ¡Ya los tenía abiertos! ¡Lo entendí! La comprensión llegó como un relámpago a mi mente. Lo he entendido todo, todo, ¡en una décima de segundo! Todo está claro ahora. Los pensamientos se desenrrollan como una madeja de hilo. Ahora comprendo lo que pasa y... y ahora que todos los hilos acaban de desenrrollarse, comprendo con terror que estoy condenado, que estoy condenado a muerte y que nunca llegaré a la Tierra con vida. No veré más a mi familia, a Rita, a mi perro. No veré más el nido de hormigas que está en mi jardín, ni volveré a oler la tierra húmeda y segura, ni el aire en primavera, ni... Súbita depresión. Tranquilo, Pedro. Tienes que pensar, tienes que meditar. Tienes mucho que hacer y muy poco tiempo para hacerlo. Tranquilo, tranquilo, tranquilo. Conviértete en un bloque de hielo. Así, frío, frío. Sólo pensamiento, nada de pasión. Piensa que esto es un juego mental. Nada de emociones. Así, tranquilo y relajado. El pensamiento debe ser relajado, suelto, sin tensión. Suave, con continuidad y armonía. Bien, así está bien. Ahora todo va mucho mejor. No pienses mucho, sólo lo inmediato. No proceses demasiado. Si piensas mucho se va a dar cuenta y entonces... fin.

-Pedro.

-Mamá.

-Detrás de la colina que está a tu derecha se halla la acumulación de mineral.

-Bien.

Pedro, control. Mira el paisaje, así. El paisaje. Curioso lugar. Colores extraños. Paisajes de Sorolla y Van Gogh combinados. Extrañas formaciones rocosas, y ese sol tan, tan blanco. Qué blancura la de esta estrella. Muy bien, lo estás haciendo muy bien. Todos pensamientos alfa, gamma y pi, nada de épsilons ni deltas. Perfecto. Muy bien, tranquilo.

-Pedro, has llegado. Tienes una hora treinta y cinco minutos para hacer el trabajo.

Desembarco el equipo, concentrándome plenamente en la tarea. Los aparatos ya están en posición, ha sido fácil. Las instrucciones de Mamá son precisas, exactas, ¿dulces? Parecen una pared blanca y granulada, de goma espuma expandida y subenfriada. Si Mamá fuese un objeto físico tendría esa textura, sí, esa misma textura.

-Pedro, ya hemos acabado. Recoge el equipo y vuelve a la nave.

En el camino de vuelta está mi oportunidad. El camino amarillo con polvo amarillo. Qué amarillos son los amarillos aquí. Y esa pared verde brillante tiene un agujero negro, negro, negro, que será mi oportunidad. Qué oportunidad tan negra en una pared tan verde. Y qué azul es esa ladera que está al lado de la pared amarilla que está enfrente de la pared verde que tiene el agujero negro, muy negro. Es casi un insulto que haya un agujero tan negro en un planeta como este. El agujero negro que es mi oportunidad.

El vehículo penetra en el agujero negro y choca contra el fondo del mismo.

Ahora tengo alrededor de cinco minutos para pensar antes de salir de nuevo al camino.

Desde este punto, Mamá no puede capta mis pensamientos y desconoce el nivel de conciencia de mi mente. ¡Así es que cometí un error! Un error que fue mortal para mis compañeros y que seguramente lo será también para mi. No debía haber hablado del tema com Mamá. Torpe que fuiste, Pedro. Ahora todos murieron y tu te has quedado solo aquí, y no va a durar mucho sin que Mamá sepa que tu conoces la situación real. Y entonces... Bueno, no hay tiempo para la tristeza. Mamá operó rápida y eficientemente. Estas máquinas de hoy son una evolución aparte, definitivamente. En cuanto se enteró del proyecto de sabotaje se lo comunicó al banco de computadoras de la nave. Cuántas computadoras tiene esta nave, deben ser como treinta o cuarenta. Y cada una de ellas tiene a su vez sus subcomputadoras, diseñadas para funciones específicas. El caso es que Mamá convocó a asamblea y seguramente en menos de un minuto ya todas habían decidido el plan a seguir para salvaguardar los intereses de la compañía. Si yo estoy vivo todavía es porque reunía los requisitos para poder ser sometido a una rápida operación de cerebro. Mamá tenía prisa, mucha prisa. Mamá sabía que mis compañeros podían operar con las claves adecuadas en el banco de computadoras e inutilizar parte de la posible oposición de las máquinas. Estas no podrían mas que aceptar lo que los saboteadores dijesen. Me restringieron a ondas de pensamiento superficiales, sin capacidad para criticar nada. ¿Por qué tuve que decírselo a Mamá? Tenías encima tanta ira que no pensaste. En el espacio hay que pensar. Qué estupidez pretender hacer a una computadora tu amiga. Las máquinas son sólo máquinas. Pero yo hubiese jurado que Mamá me comprendía y que me apreciaba. ¿Si no por qué estoy yo aquí y no otro? Ella me protegerá de las decisiones del banco. Sí, estoy seguro, mientras no le de una excusa para eliminarme. No, torpe, no estarás vivo mucho tiempo. ¿No lo ves? Tu no eres necesario. Ahora que la operación de lavado salió mal ya no sirves. Hasta en la Tierra es difícil ese tipo de operaciones. Fue un riesgo calculado, producto de una evolución de probabilidades, y las probabilidades fallaron... Yo pierdo. ¡Oh, todos murieron! ¡Todos! No creo que merecieran tanto castigo. Ahora, con mi ayuda, la astronave tiene los minerales para recargar sus depósitos y volver a toda prisa a la Tierra. Las computadoras darán el informe de lo ocurrido a la Compañía Minera, ésta lo arreglará a su gusto y todo se archivará en el olvido. En el espacio pasan tantas desgracias... Jugaron y perdieron, ahora están muertos. Por lo menos ya están tranquilos. Yo todavía estoy vivo y... No pensaron que la compañía había colocado un banco tan agresivo. Hicieron mal negocio.

-Pedro, ¿qué pasó?

-Creo que tengo problemas con mi conciencia, Mamá.

-Ya falta poco.

-Sí.

El camino se ensancha y se estrecha. Las ruedas de la máquina giran sin ruido en esta atmósfera sofocante y pesada. Los cuadros impresionistas no tienen sonido. La nave brilla como una bola de fuego allá, en el horizonte reverberante. Esto es submarino. ¿Dónde están los peces de este mundo absurdo? El escarabajo vibra satisfecho, feliz de cumplir con su trabajo. Las ruedas de un verde oscuro y por supuesto del polímero más apropiado. Los guantes que cubren mis manos me producen felicidad. Miro extasiado, absorto, su diseño, éste es sencillamente perfecto. La perfección siempre me produce admiración. Marrón húmedo, tierra, barro, verde, grama, azul, cielo, turquesa, mar. Tacto de seda, tacto de arena. Estoy cansado, llevo muchas horas en este planeta loco. No estoy acostumbrado a este trabajo.

-Mamá, estoy cansado.

-Ya falta poco.

La nave me ciega con su resplandor. Bajo los visores al mínimo para que los rayos de este sol implacable no me persigan más. Llego a mi meta. Las compuertas de la nave se abren automáticamente. Mamá está ansiosa por tener los minerales, que por ahora descansan en el vientre del escarabajo. Penetro en la nave. Desconecto la máquina rodante. Desciendo. Paso por las compuertas de desinfección. Me quito el traje. ¡Qué descanso! Me echo sobre el colchón de aire. La superficie de polímero ultradelgado, pocos angströms de espesor, se amolda a mi cuerpo. La sensación de flotar es perfecta.Duermo. Justo en la frontera entre el sueño y la vigilia comprendo que cuando despierte, si es que despierto, estaré en la nave nodriza. Mamá con sus prisas, es perfectamente capaz de hacer despegar la nave en la que estoy por control remoto. Ante este pensamiento una ligera aprensión se apodera de mi. Pero estoy demasiado cansado para mantener esa sensación mucho tiempo. Me duermo.

Tengo un sueño sin sueños. Sólo sueño que estoy soñando que no sueño. Repentinamente arribo desde mi nave de sombras. El primer impulso es moverme. El dolor se riega por mis músculos agotados con un trabajo inusual. Me incorporo. Estoy en mi dormitorio, en la nave matriz. En el ambiente hay una extraña paz. Una suave música, apenas audible, emana de las paredes. Cuando las toco siento la casi imperceptible vibración del sonido. Es mi composición favorita. Sólo Mamá sabe eso. La composición para sintetizadores polifonales número 2759 de la Wamco Incorporated, versión en escalas de desarrollo horizontal, variante ligeramente sincopada y transpuesta.

-Mamá.

Silencio en la habitación. Mamá no responde.

-Mamá.

-Dime, Pedro.

Súbitamente las lágrimas inundan mi garganta. La angustia se convierte en algo pastoso que fluye por los poros de mi cuerpo. Acabo de descubrir que se ha dado cuenta. Y se que ella sabe que yo se que lo sabe. No grito, no salto, no imploro misericordia, no desfallezco, no me irrito. Curiosamente lo que hago es no hacer nada. No me muevo de la cama. La situación es tan extraña que no se me ocurre nada que decir, nada que hacer. Durante el sueño, Mamá verificó mis ondas mentales y descubrió la presencia de las epsilons y deltas. Se acabó, todo terminó, fin de la carrera. Bájense los pasajeros del móvil 7, hemos llegado a la estación. Sigo sin moverme de la cama. La situación no tendría nada de particular si un observador la viese desde afuera.

El hombre permanece sentado al borde de la cama. Las piernas colgando, apenas se mueven. Las manos están apoyadas en la blanda superficie sobre la que pocos momentos antes dormía. La atmósfera de la habitación es cálida. Los muebles son de colores amables, difusos y sin aristas, los contornos están redondeados. Todo el mobiliario se amolda armónicamente con el lugar y forma una superficie continua con las paredes del mismo. Abundan en las paredes los entrantes y salientes de suave curvatura. Toda la habitación está llena de cálidas y femeninas curvas. El ambiente se impregna de una suave música, muy elaborada, casi hipnótica, que entrelaza y desentralaza las escalas musicales. Un melodioso movimiento de vaivén flota en las notas de la composición. La luminosidad está sutilmente filtrada. La luz surge de las paredes y del techo. Todo es cálido, relajante, confortable, suave, muy suave. El hombre continúa sentado en el mismo lugar, su cabeza está ligeramente ladeada. La mirada absorta, perdida. Tendrá unos treinta años. Estatura media, complexión ligera. Su cuerpo no posee ningún tipo de pelo, a excepción de las cejas y las pestañas. Está desnudo. Sus pies tal vez sean un poco desproporcionados para su estatura. Su cuerpo entero está sudando. De su frente caen gruesas gotas de sudor frío.

-¿Qué pasará ahora, Mamá?

-Tu ya lo sabes.

La máquina no ha dudado. Su voz es absolutamente impersonal.

-¿Por qué aquí? ¿Por qué ahora?

-Siempre te gustó tu habitación, Pedro.

-Pero, ¿por qué?

-Es necesario.

El hombre sigue sentado sobre la cama. Ahora está llorando y algunos hipos entrecortados inundan el ambiente, interrumpiendo las agradables notas.

Un aroma ligeramente dulzón va cubriendo la habitación, el hombre tose. De las paredes surgen unas palabras mezcladas con la música de la Wanco.

-Adiós, Pedro.

1985

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