La comida escasea. Pronto será hora de emprender de nuevo la migración, quizás encontrarnos con aquellos que fueron adelante. No es fácil cambiar, son más de veinte generaciones las que aquí han vivido, casi dos años en los cuales hemos subsistido con comida fácilmente digestible a la mano, desde que nuestros progenitores llegaron a esta tierra prometida.
Pero ya no. La comida es cada día más difícil de obtener, y ya algunos jóvenes han salido en busca de nuevos horizontes, donde otra vez sea fácil alimentarse. Han salido a enfrentarse con los mismos obstáculos de hace dos años y veinte generaciones: las paredes de plomo y madera, la larga travesía por terrenos infértiles, hasta encontrar otra vez las barreras y penetrarlas en busca de comida. Pronto tendremos que seguirlos.
Me pregunto quiénes harán la travesía, si nuestros hijos, nuestros nietos, o quizás hasta nuestros bisnietos. No lo sé, pero deberá ser pronto, dentro de los próximos meses, si nuestra gran familia no es de morir.
Yo estaré muerto para entonces, y no veré la migración que llevará a nuestra familia a otra tumba, a otro féretro, a otro muerto. Pero los gusanos sobreviviremos.
1989
