La Ciencia Ficción me permite penetrar y explorar conscientemente sentimientos y aspectos humanos resaltados por escenarios extremos.
En este sentido me plantea vivencias y pensamientos nuevos, fuera de mi cotidianidad.
Cuando experimento estas sensaciones es porque me he sumergido de lleno en la lectura, no existe mundo alrededor, me "sustraigo" del mundo cotidiano.
Al terminar esta intensa experiencia, al terminar la novela, sucede algo particular en mí:
Mi mente actúa como cualquier objeto que obedece las leyes de la física: posee cierta inercia y prosigue en la misma dirección hasta que su momentum se agota por el roce con lo que la rodea, carente ya de la fuerza de la trama.
Es en estos momentos de inercia en que experimento la realidad de nuevo, y la siento nueva. La retomo, pero no de la misma manera de antes.
El trascurrir diario tiende a volverme superficial, comportándome según pienso y razono, según los requerimientos del momento y sin profundizar demasiado.
A consecuencia de ello, pasa el tiempo y no llego a hacer ciertas cosas de importancia. Lo urgente antes que lo importante.
Mientras esto sucede "afuera", yo tiendo a acomodarme en una sensación o visión particular del mundo, que tiñe y contamina mis pensamientos y acciones. Es como ir formando una "atmósfera" alrededor de mi trascurrir diario. Luego me iré identificando y diré: "Esta atmósfera soy yo, yo soy así, esta es mi vida".
No hay NADA más limitante, más truncante para un ser humano en su vida, su desarrollo, su aprendizaje, que proferir estas palabras, aun con el pensamiento. Basta con no desafiarlas.
Me explicaré: Nuestra mente no logra captar el tiempo y por lo tanto, el movimiento o el cambio. Sólo es capaz de captar imágenes "fotográficas" muy complejas. A partir de comparaciones entre éstas, y mediante un proceso de análisis superior del de la mera "captación", observamos que hay diferencias entre las imágenes. Luego, una conclusión lógica, que depende de todos nuestros pre-juicios y conocimientos, nos permite decir "creció", "mejoró" o "qué lástima".
"Muestreamos" periódicamente la realidad para poner al día nuestras imágenes de ellas. Lo hacemos con una gradación de eficacia y totalidad que varía entre un máximo y un mínimo, por ejemplo:
1)Conociendo algo nuevo, que nos interesa, que no comprendemos y que absorbe toda nuestra atención.
2)Viendo de nuevo a nuestra pareja, después de convivir con ella todos los días durante todos estos años.
Surge una paradoja, y es que mi pareja es, para mí, muchísimo más importante que aquello otro novedoso e interesante. Pero no soy muy eficaz en poner al día su imagen en mí. Está prácticamente estática.
Existe algo de mayor importancia aún y que está más estático todavía en mí, y es la imagen de mí mismo. Porque "yo soy así".
Por eso desconfío de ese sabor "conocido" de lo cotidiano, porque estatiza la vida.
Por eso necesito esas "vacaciones" del mundo, para entrar de nuevo en él, con los ojos abiertos.
En mí esto sucede con una buena lectura, que rompa con mi forma mundana de razonar, una historia de
Fuera de este mundo.
Para volver y estar vivo.
Estoy vivo ahora...
1988
