Precisión, Equilibrio y Perfección

por Ermanno Fiorucci

Perfecto Pérez era un solterón sumamente ordenado. Vivía en un apartamento ordenado, constituido por una cocina normal, baño, sala, comedor, dormitorio y estudio. El estudio estaba particularmente ordenado. Las chinchetas negras que sostenían pegado a la pared un mapamundi estaban exactamente equidistantes del piso y entre si, con una simetría tan perfecta, que sólo Perfecto Pérez podía concebir.

Era difícil ser verdaderamente ordenado en una ciudad tan desordenada como Caracas, y sin embargo Perfecto Pérez lo lograba a la perfección.

Su vida fluía con la precisión de un buen reloj; sin amistades... de ningún sexo. Trabajaba como contador público y era el tipo de contable al cual todos los otros contables habrían definido como estereotipado y que no debería existir realmente. Perfecto Pérez contable, era meticuloso y pedante hasta el fanatismo, cubierto, como estaba, por su velo de absoluto equilibrio.

Sus trajes... bueno: Perfecto Pérez escogía solamente trajes simétricos; o mejor dicho, su gusto lo inducía a vestir trajes a rayas, pero sólo aquellos cuyas rayas estaban perpendiculares al horizonte, con la precisión de la más perfecta plomada. Todas sus corbatas eran unicolores. Una corbata atrevida hubiese turbado profundamente su sentido del equilibrio.

Usaba pisacorbata, ya que dejarla pendular libremente hubiese sido una incorrección. Un prendedor con una perla o algo por el estilo presentaba el problema de la ubicación del centro exacto. El pisacorbata, sin embargo, no estaba completamente libre de inconvenientes; debía tener una longitud determinada, perfectamente igual al ancho de su corbata. Cualquier otro hubiese resuelto el problema moviendo el adminículo a lo largo de la corbata hasta que la longitud de aquel hubiese coincidido con el ancho de ésta... pero Perfecto Pérez nunca haría tal cosa. Los pisacorbatas deben ser llevados exactamente sobre el cuarto botón de la camisa, contando de arriba hacia abajo... por lo menos, todos los pisacorbatas de Perfecto Pérez debían ser colocados a ese nivel exactamente.

Al cumplir los cuarenta y un años, Perfecto Pérez se hizo pintar el pelo de negro, y no por que fuese particularmente vanidoso. No le hubiese importado tener el pelo canoso, siempre que el gris hubiese hecho su aparición de manera uniforme, distribuido armónicamente sobre ambas sienes. Como no aconteció de este modo, él se pintó el pelo.

Sin su profundo sentido del equilibrio Perfecto Pérez no hubiese jamás podido llevar a cabo aquellos cálculos que, según esperaba le darían fama universal. El mapamundi pegado a la pared del estudio era parte de aquellos cálculos. Cada chincheta de color representaba el reporte confirmado del aterrizaje de un platillo volador... bien sea el aterrizaje propiamente dicho o, de la observación documentada de un OVNI en aparente búsqueda de un lugar de aterrizaje.

-Organismos vivientes capaces de resolver las dificultades de los viajes espaciales, no pueden ser otra cosa que seres organizados. –Había explicado en cierta oportunidad Perfecto Pérez a un grupo de participantes a un congreso sobre objetos voladores no identificados, que tuvo lugar en el apacible, bucólico y siempre fresco pueblo de Carayaca.– Sus aterrizajes, prescindiendo de lo que pudiesen ser sus intenciones, deben estar de acuerdo con una línea armónica de lugar y de tiempo; un plan que es una obra maestra de precisión. Es suficiente descubrir este plan para estar en condiciones de predecir, con la máxima exactitud, los aterrizajes futuros.

-¿Y a nosotros qué? -había dicho uno de los asistentes– lo que realmente importa es saber cómo resuelven los problemas sexuales las mujeres en el espacio.

Aquel fue el primero y último congreso al cual Perfecto Pérez asistió. Pero sus investigaciones continuaron. Cada información sobre un OVNI era meticulosamente anotada, estudiada, analizada por él muy atentamente para determinar con la máxima precisión posible dónde y cuándo había tenido lugar el aterrizaje, y si en verdad se había verificado.

Aquel hobby no era una diversión, o por lo menos Perfecto Pérez no lo consideraba como tal. Era sumamente importante el hecho de que, cuando los extraterrestres decidieran comunicarse con los seres humanos, pudiesen hacerlo con alguien como Perfecto Pérez. Así y sólo así, los extraterrestres podrían formarse un buen concepto de los terrícolas. Pero, por lo que Perfecto Pérez sabía, no había muchas personas como Perfecto Pérez, en consecuencia, toda esta enorme responsabilidad descansaba sobre sus hombros. Además existía también una razón personal. Brotaba ésta, por supuesto, del convencimiento de que no existían muchas personas como Perfecto Pérez. En el fondo él anhelaba tener algún amigo, los extraterrestres, siendo gente ordenada, hubiesen podido ser unos amigos perfectos. La soledad era un sentimiento desagradable, que podría turbar su equilibrio.

Así que Perfecto Pérez ocupaba todo su tiempo libre calculando, anotando los aterrizajes observados, haciendo cálculos hipotéticos, pero lógicos sobre aterrizajes que no habían tenido testigos y que por lo tanto no estaban reportados oficialmente, y haciendo previsiones al grosso modo.

Su primera previsión seria, fue la de un aterrizaje que tendría lugar tres semanas después a seis mil kilómetros de distancia de aquel que se verificó cierto día de septiembre al norte de Buenos Aires, en Argentina. Después de dos semanas de arduo trabajo y cuatro aterrizajes después logró predecir con una aproximación de un kilómetro y un margen de error de dos horas más o menos, un aterrizaje que fue reportado por un número considerable de testigos, en los alrededores de Cork, en Irlanda, que posteriormente fue anunciado como un acontecimiento inexplicable.

De acuerdo a sus cálculos proyectados hacia el futuro, tendrían lugar otros tres aterrizajes en lugares lejanos antes de que se presentase uno más a su alcance.

Se sintió inmensamente feliz al descubrir, que su cuenta corriente no sufría mucho por los gastos de viaje, limitado al precio del boleto de ida y vuelta por avión a Maracaibo y el alquiler de un carro para trasladarse a pocos kilómetros al sur de esa hermosa y cálida ciudad petrolera. La única cosa que lo contrariaba un poco, era que el aterrizaje venezolano sólo tendría lugar ocho meses después.

La espera fue empleada de manera fructífera verificando, revisando minuciosamente todos los cálculos, anotando y clasificando los tres aterrizajes intermedios, estudiando los mapas topográficos de la zona al sur de Maracaibo para determinar el punto exacto, deducible principalmente por las características de la superficie de las varias zonas del área específica. Después, casi antes de que Perfecto Pérez estuviese anímicamente preparado, llegó el día de su cita con un destino de orden y precisión.

La noche era obscura. Perfecto Pérez vestía un delgado e impecable traje de algodón surcado por delgadísimas rayas negras. Eran las 22:30, debía esperar todavía 15 minutos... por lo menos de acuerdo a sus cálculos. El nerviosismo transmitía a sus labios un ligero temblor y ese hecho le molestaba. La excitación estaba fuera de lugar en aquel momento. Calma, precisión, razonamiento... he aquí los elementos necesarios para la ocasión. Hizo un esfuerzo para controlar la respiración...

El estudio de la zona había sugerido un único punto lógico para el aterrizaje. Una explanada algo aislada y recubierta de matorrales y maleza. Perfecto Pérez se acurrucó detrás de una tupida pantalla de arbustos. No era conveniente, ni oportuno, pensó, dejarse ver extemporáneamente. Hasta aquel momento los extraterrestres habían dado la impresión de que estaban evitando cualquier contacto, quizás para no aterrorizar algún pobre corazón terrícola. Pero cuando Perfecto Pérez se acercará a ellos, después del aterrizaje, demostrando de manera inequívoca, que había estado allí esperándoles, entonces, aunque asombrados, no les quedaría otro remedio que hablarle.

Un poco de miedo comenzó a torturar a Perfecto Pérez . ¿Y Si no llegaban? suponiendo... suponiendo una infinidad de cosas. Una falla mecánica en el fuselaje, por ejemplo. O que el programa de investigación que les había traído a este planeta hubiese concluido. 0 quizás, y ésta era la peor posibilidad, podrían haber cambiado el plan inicial para pasar o una siguiente etapa. En este caso, con el tiempo, claro está, seguramente descubriría la nueva línea de movimiento, pero todo su trabajo de aquellos años...

Miró al cielo casi rezando. ¡Lo vio!... Era un pequeño punto de luz. En un primer momento podría confundirse con una estrella; pero se hacía progresivamente más luminoso, más grande... se acercaba. Tenía forma de tabaco, observó Perfecto Pérez. Luego, después de esconderse mejor en medio de la maleza, notó que el objeto adquiría la forma de un platillo. Un platillo brillante con destellos blanco-verde-azulados, que se movía, cruzando el negro cielo, rápida, segura y ordenadamente.

-Falta poco -pensó Perfecto Pérez. Miró el reloj. Faltaban todavía tres minutos para la hora del aterrizaje prevista por él.

Se aseguró que en su bolsillo reposaba el sobre que contenía los cálculos de sus previsiones, no ponía en duda que a los extraterrestres les interesaría saber cómo había hecho para descubrir la hora y el lugar en el cual aterrizarían. Trató de controlar la respiración, que otra vez se había tornado pesada, y al lograrlo se gratificó con una simétrica sonrisa de satisfacción.

Dos minutos v cincuenta segundos después la sonrisa desapareció de sus labios. En todo su trabajo, en sus estudios, en sus cálculos había tenido un pequeño error de predicción. Se había dejado absorber tanto por el deseo de averiguar el punto exacto del aterrizaje, que no había pensado que podría sucederle algo a alguien ubicado como él, acurrucado en aquel punto.

Entonces, de la garganta de Perfecto Pérez, surgió un desgarrador alarido hiriendo el aire de la obscura noche en el preciso instante en que la nave extraterrestre, grande como una cancha de baloncesto, convirtió su cuerpo, pulcro y ordenadamente vestido en una perfectamente homogeneizada papilla.

El aterrizaje había tenido lugar de manera rápida, a la hora precisa y exactamente en el lugar previsto.

1987

[Cygnus 3] [Página Principal]

Queda prohibida su reproducción total o parcial sin el previo consentimiento de los autores, o en su defecto de UBIK, Asociación Venezolana de Ciencia Ficción.
© 1998. Todos los derechos reservados.