El piso sucio

por Yván Ricardo Ecarri

Mención Honorífica Especial en el VI Concurso Literario

Por eso y porque el piso estaba realmente sucio había decidido coletear. Nunca lo había hecho antes, pero ahora era su turno. Claro... si nadie más lo iba a hacer...

Ver el coleto le causó repugnancia. Era un estropajo viejo, harapiento. Tal vez hacía mucho tiempo que debía haber comprado otro, pero era urgente limpiar el piso, aunque fuera un poco, y no importaba que el estropajo estuviera así de deshecho.

Ver el coleto, así, tan gris, tan deshecho, tan coleto... él nunca se había imaginado que un simple coleto pudiera tener tal dimensión de degradación. Pero así son los coletos... nunca se sabe las cosas que puede decir.

Una mirada rápida en el estante de los utensilios de limpieza: el haragán, la escoba, el cepillo... y más allá los productos de limpieza: desinfectante, limpiador de baños, el jabón, suavizante para la ropa... Todo lo que necesitaba lo tenía al alcance.

Parecía bastante sencillo: Se toma el coleto, se coloca en el haragán, se moja... pensando mejor, hay que mojarlo primero. Se moja, pero al levantar el palo del haragán para colocar el coleto se salpica todo, pantalones, camisa, brazos... Y esa agua no es precisamente de colonia... es agua que huele a coleto, a piso sucio, al sucio de todo el piso, al sucio de toda la vida en la casa... a restos de comida podrida... la sangre de la carne podrida de la semana pasada... a piso del baño... y en la casa todos eran hombres... a debajo de la cama, de donde sale la pelusa gris para alimentar al caballo del príncipe.

Pero él no tenía la menor idea de cómo usar el coleto. Había que exprimirlo primero, mojarlo primero y después exprimirlo, y después ponerlo en el haragán, pero hay que saber ponerlo porque al bajar el haragán siempre se cae. Y hay que volver a ponerlo para recordar que hay que ponerle un poquito del líquido morado marca YZ que dicen en la TV. que huele a lavanda y que deja su casa como una tacita de plata, o de nitrato de plata o de cianuro de potasio o de arsénico... Tome usted, una tacita de arsénico...

Y otra vez el coleto al piso. ¿Por qué será tan difícil? Cae y cuando cae suena "plof" y salpica agua de coleto, porque hay que exprimirlo. Se exprime y se tira al piso y se exprime y mientras se exprime él siente el cuello tenso... «Dormí mal anoche».

Primero el cuarto... en el cuarto hay restos de comida, plumas de la almohada y la pelusa que come el caballo. Ese maldito caballo que come pelusa. Tendrá las tripas llenas de verrugas, mientras el príncipe busca una boba que tenga limpia la casa. ¿quién le habrá dicho que tener limpia la casa basta para ser decente o digno? Porque mi casa es un asco. Por eso pasar el coleto es tan importante, solo que en casa no hay princesas ni bobas y tal vez por eso el piso es un asco, y tengo yo que limpiarlo. Y no es que yo esté buscando príncipe, por Dios.

Conque ahí estaba... Y ahora es cuando viene a aparecer. La había estado buscando quién sabe cuanto tiempo. Bueno, menos mal que la encontré. Claro que después de haber sido coleteada no luce igual. Ahora huele a coleto. Pero lo peor siempre se consigue en el baño. Siempre huele a baño, y por eso el coleto siempre huele a coleto. No sé por qué pero todos los de la casa tenemos mala puntería, en particular cuando llegamos de estudiar. El baño me recuerda la clase de química orgánica: aminas, ácido úrico, cianuro. Claro que nunca se deja que el olor sea insoportable y por eso hay que coletear. Porque si se deja... En el baño no entra mucho sol. Por eso hay que echarle doble desinfectante al coleto del baño. Pobre coleto... (no por el doble desinfectante, por el baño) Y aunque uno siempre lava el coleto después de cada cuarto, siempre queda el olor del coleto, el olor del sucio del cuarto, o del baño. Por eso el coleto siempre huele a coleto, aunque se lava después de cada cuarto. Y después de lavarlo se exprime. Ya eso lo se. Pero al exprimirlo vuelve a sentir el cuello tenso. «me va a dar tortícolis».

Queda la sala, el comedor y la cocina. Primero la sala, porque la sala casi no se usa. Casi no se usa porque se usa para estudiar. Y por eso huele a lápiz. En la sala hay restos de madera y de grafito, del sacapuntas somnoliento que saca y saca punta en interminables problemas del lápiz, porque los problemas son del lápiz, a lo sumo del cuaderno. Por eso tal vez la sala huele a salón de clases, y el coleto recoge las virutas del lápiz, madera y grafito. Después de coletear varios cuartos y lavar el coleto varias veces, y exprimir el coleto varias veces se siente el cuello tenso. Duele un poco, y es porque uno no está acostumbrado a pasar el coleto en toda la casa. Pero debería doler más la espalda, y duele más el cuello, que ahora está tenso. Está tenso porque hay ciertos músculos, los esternocleidomastoideos, que se estiran o encojen, tal vez alternativamente para hacer que la cabeza se incline hacia un lado o hacia el otro y que ahora se están encogiendo los dos al mismo tiempo.

El comedor no tiene mucho que limpiar. Se pasa el trapo dos o tres veces y se hace chocar con las patas de las sillas y se hace chocar con las patas de la mesa y uno se da cuenta de que no es en otras casas donde el arroz cae del plato, porque salen corriendo pedazos enteros de pan, tratando de escabullirse del coleto y el coleto los persigue, vengan para acá, vengan para acá, eso es... y el coleto aprovecha para tomar gusto a condimentos. Cuánto de mi sazón llevará ahora... Y tal vez por eso, al exprimirlo, porque uno ya sabe que hay que lavarlo y exprimirlo después de limpiar cada habitación, se siente el dolor agudo en el cuello, como si se retorciera. Pero en todo caso hay que terminar, aunque el cuello duela bastante. Sólo falta la cocina. «La cocina... uaac»(1). Y después de haber visto todo lo que se ha visto en toda la casa, un pegoste de jugo con zapatos sucios no es gran cosa. Tampoco la mancha de la sangre de la carne podrida de hace quién sabe cuanto tiempo que nunca se ha terminado de limpiar. La cocina siempre se limpia en tres pasadas. Tal vez sea porque uno siempre la deja para el final, porque es lo más cercano al lavadero. El coleto termina con olor a aceite quemado, a leche cortada, a los frijoles que se pudrieron en la nevera, que son las cosas que le dan su olor a coleto. Por eso hay que lavarlo muy bien, y ya a estas horas uno se da cuenta de que restregar el coleto tiene un eco firme en el cuello. Se siente como los nudillos pasan y repasan haciendo tronar todo por dentro. Y al torcerlo para exprimirlo se siente una máxima fuerza torciéndole el cuello a uno y no queda más que aceptar la fatalidad. Sentir la asfixia... descubrir que la cabeza de uno ya no es de uno y que está desconectada del resto del cuerpo, colgando todavía de unos restos de piel llena de hematomas... notar las convulsiones, primero violentas y que se van haciendo tenues poco a poco...

- Ya le dije, detective... Cuando llegué lo encontré ahí tirado, al lado del coleto, con el cuello completamente destrozado.

(1) Pruebe a hacer este sonido que expresa asco, tensando hacia abajo las comisuras de los labios y pronunciando una consonante entre "D", "B" y "L" al principio y al final la "C" sin fuerza. Puede ensayarse frente a un espejo hasta que salga lo más natural posible. Luego trate de hacer una onomatopeya para ésto.

1990

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