Trebla Nietsnie miraba con los ojos desorbitados a las dos personas que se encontraban en la habitación contigua, a través de una minúscula ventanilla.
Una de esas personas había hablado con él, lo había convencido de hablar con "él". Absurdo, ridículo; pero es que entonces no se había acostumbrado a la idea, y el acoso de ese "hombre" junto con su propia excitación fueron suficientes para hacerle cometer ese disparate. Aunque hablarle no significara ningún peligro para él (¿cómo podía serlo ahora que sabía lo que sabía?), era totalmente ilógico hacerlo.
¡Ah! ilógico, sólo eso podría ser aplicable ahora a cualquier caso; antes quizá no, cuando su mente bien entrenada creía saber lo que sabía y trataba de descifrar aquello que no creía saber.
-Pero, ¿cómo es posible? El es considerado como la mente más brillante y prometedora de la época, si no de la historia. Tiene sólo treinta y dos años y ya ha hecho tantos avances en física teórica como ningún otro en toda su vida. Ahora mismo trabajaba en un proyecto ultrasecreto de la mayor importancia. ¿Cómo puede alguien así, cometer semejante estupidez? El presidente está muy preocupado y quiere saber exactamente que sucede con Nietsnie. Este es un asunto de interés mundial, así que deme una explicación convincente, si no... -breve suspenso- ...bueno, digámoslo así: no creo que usted dure mucho... en su puesto.
Duerf D. Numgis tragó saliva, esta era la crisis más difícil con la que se había enfrentado y ahora ésta resultaba ser "un asunto de interés mundial". Toda su carrera estuvo minada de incontables obstáculos, remarcado por un constante menosprecio de su trabajo y talento por parte de sus colegas. Ahora que era el director del instituto más avanzado del mundo en su tipo, ahora que había alcanzado al fin la fama y el reconocimiento, le sucedía ésto. Alguien "allá arriba" debía tenérsela jurada.
-Señor Secretario, yo no...
-Llámeme Regnissik o Reg, si lo prefiere, recuerde que, al menos profesionalmente, somos colegas -dijo en un tono no del todo inesperado por Numgis. Había actuado del modo que lo haría alguien que también estuviese en la cuerda floja y cuya barra de equilibrio estuviera constituida por el director de aquel instituto avanzado.
Numgis tomó algo de confianza y comenzó a decir:
-Señor, le seguiré llamando así si no le importa ... -era mejor guardar las distancias.
-No, continúe.
-Bueno, no hay mucho que pueda decirle sobre la conversación, o mas bien, sobre el monólogo de Nietsnie, ya que fue condición indispensable para que él hablara, el que yo no lo interrumpiera, que no dijera nada en absoluto, aún al él finalizar. Así lo hice.
-Vamos, Ud. sabe tan bien como yo que, gente en nuestra posición no puede darse el lujo de hacer ese tipo de promesas y luego cumplirlas.
-Sí, lo sé Señor, pero es que me ha confundido con una extensa narración de hechos y razonamientos que no alcanzo a captar en su totalidad; es por esto que no he llegado a ninguna conclusión y por lo que sugiero que veamos el video de la entrevista.
-Sea pues, para todo hay una explicación lógica verá como yo sí obtengo algo de esa entrevista.
Numgis asimiló la insinuación con filosofía. Luego comentó, mientras el video avanzaba automáticamente a la parte programada:
-Observe el desconcertante comentario inicial y...
-Shhhhh- y Numgis se calló, había comenzado la proyección:
-Bien, estúpido ente o lo que seas, voy a darte, o más bien a darme gusto contándote algo totalmente irrelevante para ti, "trozo de nada".
Nietsnie escuchaba y veía, así lo creía, toda la conversación. La estaba repasando por segunda vez (ya se lo había contado a "aquello" que tan insistentemente le había rogado que le hablara –su deseo subconsciente, pensó). Quizá ahora extraería aún mas conclusiones de este experimento.
-Estaba yo en mi estudio, en mi sagrado estudio con mi sagrada biblioteca y con mi sagrada soledad que me había acompañado durante los últimos tres años. No recibía a nadie, ni siquiera a mi casera, Amam Serolod, quien me rogaba desde afuera que le abriera, que debía comer o iba a enfermar. Creo... no, ¡lo sé! -por lo que debió ser- que Serolod llamó a Lecram Namssorg, mi mejor er... -divagación- llamémosle amigo. El era también un colega, uno que había dejado hacia tiempo -otra convención subconsciente- su profesión para dedicarse a los bienes raíces -¡diablos, qué inventiva!- con lo que le había ido muy bien.
Nos conocimos en la universidad, hicimos el pre y post-grado juntos ( ¡vaya imaginación!). "El" fue siempre muy inteligente y dedicado en sus estudios. Por entonces no me explicaba por que no obtenía mejores calificaciones que yo, una persona distraída y absorta, generalmente, en temas ajenos a la cátedra de física que se estaba impartiendo. Ahora lo se: tenía que ser, claro, pues así lo habría deseado y no hubiera tenido nada de malo ya que Lecram era sólo justo lo que yo creía que era.
Lecram tocó a mi puerta, yo no respondí, así que la tumbó de un certero golpe. Me encontró desmayado sobre una pila de libros; estaba deshidratado.
Desperté aún en mi casa, en mi cama, con mis libros a un lado de la última. Lecram revisaba, sentado en el otro lado de la cama, mis resúmenes y anotaciones sobre los libros e informes que leía en aquellos días. De reojo pude ver que estaba terminando. Era un hábil lector, había devorado con marcado interés las 155 páginas de cálculos y análisis que contenía aquel gigantesco cuaderno. Había llegado al final, a la parte donde se me hizo imposible continuar; era un título:
"CONCLUSIONES"
– ¡Ah! ya despertaste, pedazo de asno. ¿Cómo se te ocurre quedarte sin comer ni beber durante tres días? ¿Acaso es este el tipo de suicidio que te gustaría, eh? ¿Morir entre libros? Te has salvado por muy poco, ¿sabes? Llevas una semana inconsciente, una semana en la que me has retenido aquí atado, atado a esta dichosa cama. Por lo demás, no me extrañaría que...
Arranque muy típico de él, no reflejaba lo que realmente pensaba. Esto me conmovió.
-Lecram viejo amigo, estás aquí, menos mal, Ocurre que estoy a un paso de hacer el descubrimiento de mi vida. Tu sabes, el proyecto secreto del gobierno, del que te hablé hace dos meses, y desde entonces no tan secreto.
-Sí, esa es tu forma de guardar secretos cuando algo te apasiona. Ruega que el gobierno no se entere que consultas conmigo cada proyecto interesante que te asignan; yo ya lo hago todas las noches desde hace siete años.
-De acuerdo, concedido pero tu no opones mucha resistencia que digamos -dije, procurando mostrar una irónica sonrisa.
-¿Cómo podría hacerlo si, cuando te pido que te calles, empiezas a hacer preguntas irresolubles acerca del tema y das la impresión de ser el único ser sobre la tierra que conoce la respuesta?; es cuando mi curiosidad de científico triunfa sobre el temor de una muerte rápida.
–Sin embargo, has leído con delatado interés mis apuntes, y sin ninguna "estimulación" de mi parte.
-¿Te parece poco el hallarte desmayado sobre una montaña de libros en los que, según Amam, has trabajado sin descanso durante tres días? Tres días sin dormir pasa, pero... ¿sin comer ni siquiera un bocadillo?, rechazando la comida que te ofrecía Amam que no requería ningún esfuerzo el tomarla, sólo acercarte a la puerta? No, ese no eras tú Trebla Nietsnie. Tenía que saber que era aquello capaz de distraer tu monstruosa gula.
-Entiendo. Bien, entonces ya sabrás que quería decir cuando hablaba del descubrimiento de mi vida.
-Saber, saber, ¿saber qué?. Me ha costado una enormidad el tratar de entender estos cálculos, has hecho una ensalada con las teorías de las cuatro fuerzas primarias... la gravedad, el electromagnetismo, la nuclear débil y la fuerte... -repasó para si en un murmullo- además de introducir unas variables y unos operacionales que en mi vida había visto y todo esto en un desorden tal, que bien pudiera vender las hojas de este destartalado cuaderno al museo de arte contemporáneo.
-Todo un chiste, ¿no? Déjame decirte que esos símbolos indican operaciones en un nuevo tipo de análisis tensorial que he desarrollado para este problema... y antes que digas nada: sí, este análisis ha sido aprobado por el "Consejo de Ciencias".
¿Y las notas?, qué me dices de los comentarios que intercalo en algunos cálculos? ¿no sacaste nada en claro de ellos?
-¿Notas?... ¡ah!, ¿te refieres a esos jeroglíficos que están más bien incrustados en esas cosas que tu llamas cálculos? Si al menos hubieras escrito alguna conclusión quizás...
Era suficiente, estaba empezando a cansarme. Por supuesto tenía razón, yo lo sabía, pero él sabía también que nunca le daba importancia a esos detalles; cuando trabajaba lo hacía para mí, no esperaba que nadie leyera mi trabajo en su "versión original".
-¡Está bien, esta bien, me rindo! Empezaré por el principio... con una pregunta.
-Bonita forma de empezar a hacer una aclaratoria. Pero en fin, sigue.
-Lecram, ¿sabes lo que es la realidad?
-Bien aquí vamos de nuevo... ¿no te refieres acaso a lo que habíamos discutido hace tiempo? Aquello de:
"Es evidente que el mundo no puede ser del todo objetivo, puesto que experimentamos el mundo en una acción recíproca. El acto de la experiencia requiere de dos componentes: el observador y lo observado. La mutua interacción entre ambos nos proporciona la sensación de la "realidad" que nos envuelve".
-Algo de eso hay. He desarrollado esa idea hasta las últimas consecuencias aplicándola a los principios primarios (las cuatro fuerzas y las he interpretado, hasta donde fue posible bajo la luz de la teoría cuántica y de los avances que he logrado en la teoría del campo unificado, pero...
-¿Pero qué? Has hecho algo increíble, algo que nadie había logrado hasta ahora.
-Gracias a Dios nadie lo había logrado antes.
¿Qué dices? Explícate.
-Lo que sucede es que no concuerdan de ninguna forma entre si. Hay demasiadas contradicciones.
-Contradicciones sutiles, que nadie había encontrado antes, supongo.
-Sí, pero no sólo son sutiles sino absolutamente incompatibles si nos restringimos a la existencia, únicamente, de dos cosas absolutas: una es que los axiomas de la lógica son absolutamente ciertos, ya que solo en ellos se puede basar todo conocimiento, y la segunda, que es precisamente que sólo existen dos verdades absolutas.
-¿Quieres decir que la lógica no corrobora ninguna teoría si ésta se desglosa a sus bases mas primitivas?, ¿que esas bases son contradicciones lógicas? Ahora se por qué estuviste esos días encerrado, debías estar corroborando una y otra vez tus cálculos, sin encontrar ninguna respuesta satisfactoria... ¿Sabes, Treb?, siempre pensé que nunca habría cerebro humano capaz de realizar semejante labor.
-Gracias, Lecram, pero no he sido sólo yo el que ha hecho el trabajo.
-¿Cómo?
-Sí. Ya sabes, contaba con la ayuda del gobierno mundial, esto significa: acceso a los mejores ordenadores e infinidad de hábiles ayudantes escogidos de las mejores universidades del planeta.
Hace nueve meses tuve mis primeras ideas, las desarrollé, y ya a los cuatro meses comencé a vislumbrar a dónde iba a llegar. Así que mentí, mentí como un condenado ante el Consejo de Naciones, arriesgando mi reputación y mi persona, haciendo grandes promesas acerca de los infinitos beneficios que traería lo que podría descubrir. En realidad esos beneficios vendrían por si solos si yo estaba equivocado y se confirmaban las teorías primarias, produciéndose, además, la unificación de las mismas. Sería el fin de la física teórica y el comienzo de la era de oro de la física aplicada "para el bienestar del hombre".
Tenía algunas ideas básicas y quise confrontarlas contigo (como siempre lo hago), ya que esto suele aclarar mi visión del problema. Aunque no entrase en detalles, siempre has sido el gran agudizador de mi intuición que, desgraciadamente poco se equivoca; este caso no parece ser la excepción.
-¡Caramba! un físico retirado, ahora corredor de bienes raíces, colaborador del descubridor del secreto máximo de la existencia –había dicho con rastros de irónico escepticismo.– Pero dime, ¿por qué pediste ayudantes?, éstos podrían descubrir lo que tu, eso que te parece tan terrible y que aún no me has dicho.
-Veo que esquivas el asunto con esa pregunta intrascendente; pero no importa, te lo diré: esos ayudantes desarrollaban pequeñísimas fracciones del problema desde sus respectivas universidades. Por supuesto todos lo hacían con gusto pues, cada aporte merecía ser considerado, al menos, una tesis de doctorado. Eran tantos y estaban tan dispersos, que era prácticamente imposible para cualquiera descubrir la existencia y, mucho menos, el paradero de los demás (proyecto secreto de prioridad, tu sabes), y así reunir los suficientes "aportes" para llegar a alguna conclusión peligrosa. Sólo yo reuní las piezas y armé el rompecabezas.
-Bueno decídete de una vez a decírmelo, ya lo conseguiste nuevamente, tengo la tensión alta, me podrías literalmente matar con el suspenso. ¿Cuál es ese hallazgo? ¿Cuáles son esas conclusiones que nunca comenzaste a escribir? Si todas las teorías físicas no resisten un análisis riguroso, ¿qué puede describir la realidad del universo en que vivimos?
-Nada, la realidad es una farsa.
Lecram mantuvo durante más de diez minutos aquella mirada de perplejidad. Su mundo se derrumbaba. En ese tiempo buscó, desesperado, algo en su mente a que aferrarse, pero nada parecía soportar el peso de tamaña afirmación. Finalmente en un último esfuerzo, pareció encontrar una esperanza, la esperanza de que lo que había oído podía ser falso, ¡debía serlo!
–Pero si deduces que algo es falso a partir de algo verdadero, para que lo falso pueda ser cierto la suposición inicial debe ser falsa. Debes admitir que debe haber algo falso en tu razonamiento ya que parece contradecirse.
-No. Yo he dicho que la realidad es una farsa, pero la lógica no.
-¿Insinúas que la lógica no es parte de la realidad?
-Lo que digo es que la lógica está más allá de la realidad como se había entendido hasta ahora.
-Luego, la validez de la lógica por sobre todo razonamiento y el hecho de que sólo hayan dos verdades absolutas constituyen las dos únicas verdades absolutas.
-Eso es correcto (ya lo había dicho yo antes), hasta cierto punto. ¿Por qué me miras así?, por supuesto que acepto la lógica como verdad. No quisiera ni pensar que pasaría si esto no fuera así.
En la cabeza de Lecram comenzaban a bullir infinitas contradicciones de aquella sola idea. El panorama era aún más pavoroso que el vivido anteriormente. Dejó de pensar en ello, su cordura estaba en juego. Su mente se preparó, entonces, para dar, a ciegas, una embestida final.
-¿Quieres, entonces, relatarme cuáles son las consecuencias de mi absurda realidad?
-No hablo exactamente de esa realidad. Cuando digo farsa me refiero a la idea de la aceptación individual de una realidad colectiva.
-Bien, señor filósofo, háblame de las implicaciones de esa realidad individual -Lecram se estaba recuperando; él nunca había creído demasiado en eso que "un atajo de locos" daba por llamar Filosofía.
-Como tu bien sabes existen filosofías que aceptan que la realidad es lo que uno crea que es, lo que uno crea que percibe. Así pues, si yo salgo de una habitación cerrada totalmente ya no puedo decir que esa habitación siga existiendo.
-¿Ah, sí?, ¿y si alguien entra a la habitación y te dice desde adentro que la habitación existe mostrándote, además, sin truco posible, el interior de esa habitación con un video? Hay muchas trabas contra ese razonamiento.
-No existe ninguna. Cualquier prueba externa que reciba, sería una mera justificación subconsciente de la realidad que uno haya decidido adoptar en un plano superior de consciencia al que he dado el nombre de "alma", por ser el término más parecido que pude encontrar. Cada uno posee la realidad que su alma desee y, en consecuencia, que su subconsciente crea. Esta alma se rige solo por la lógica, esa es mi teoría, yo diría ley, pues así lo creo.
-Eso suena a guruísmo barato. Pero déjame seguir: si esa alma es dueña de la realidad de su consciente y subconsciente, todas las leyes de la física serian pura invención de esta alma que, siguiendo un razonamiento lógico decide crear un universo ilógico. Imagino que esto fue parte de tu razonamiento. Pero... ¿por qué? ¿Por qué querría este ser crear un universo con leyes que no tienen fundamento lógico?; más aun: ¿Por qué querría restringir su realidad a este universo?
-He pensado mucho en ello y creo que la respuesta a lo primero es que el alma quiere que, en algún momento, su subconsciente y consciente creados según la realidad seleccionada, "retornen" al "alma". Quizás este momento llegaría al percatarse de la "verdad".
"En cuanto a lo segundo, no sé, es posible que exista una "fuerza" superior que lo impulse a hacerlo (entiéndase Dios). También es posible que un ente con una absoluta libertad podría decidir "vivir experiencias en otro plano existencial", o de conciencia que viene a ser lo mismo. Esto podría ser, ya que, si bien su conocimiento no debe ser infinito, tampoco debe haber nada que no pueda conocer.
"Por otro lado, yo pienso que este conocimiento, cuando llega el momento, se filtra desde el alma a través del subconsciente hasta toparse con este análisis de la realidad del consciente en algún punto de este nivel (el consciente). No se me ocurre otra forma de decirlo.
"Ahora me parece sentir que mi subconsciente está totalmente invadido de esa presencia. Pero mi consciente ejerció, hasta ahora, cierta resistencia a la idea de...
¡Basta, Treb, basta! Vas a hacerme enloquecer también. Treb, no vayas a decirme ahora que realmente crees todo lo que me dijiste, me refiero a que estés realmente convencido. ¿Estás seguro de que no lo consideras únicamente una posibilidad, como una teoría que explica el resultado de tus análisis?
-Antes no... llamémoste Lecram. Pero ahora sí, estoy seguro. Como siempre, me fuiste de gran utilidad aunque sólo seas una "extensión" de mi realidad, pero ya cumpliste con tu función, ¡así que desaparece!
No hubo humo, ni luz, ni nada espectacular. Lecram Namssorg simplemente desapareció.
Falso, mi consciente no estaba totalmente preparado para asumir la "verdad". Más bien fue un impulso morboso de experimentar con esa "verdad". Altamente perturbado corrí a la cocina, donde estaba Amam, pero entonces me di cuenta que ella no podría ayudarme. El solo pensamiento bastó para que ella desapareciera, ya tampoco era necesaria.
Estaba frenético, salí a la calle con una UZl que acababa de "imaginar" un momento antes, y comencé a destrozar los carros y vidrieras de los negocios vecinos. La calle, por supuesto, la creí desierta y así fue, aún no soportaba la idea de matar a "entes imaginarios" parecidos a mí. Entonces se trabó mi pensamiento, algo me decía: "aún no, aún no". Me parece que ese algo en mi subconsciente hizo que apareciera usted y sus ayudantes y me trajeran aquí. Así pues, estoy aquí para averiguar que es; que es lo que me falta para completar e! "vinculo" entre mi consciente y mi "alma".
El video se detuvo. Numgis se volvió hacia Regnissik.
-Señor Secretario, ¿qué opina entonces? ¿Acerté o no en las medidas que tomé con Nietsnie?
–Le ofrezco mis disculpas, Señor Director –"¿Señor Director?", Numgis se relajó, seguiría en su puesto otro período- Esta persona está fuera de sus cabales sin la menor duda.
-Pero, ¿y sus razonamientos? ¿Qué me dice de ellos?
Trebla sintió que "algo" le decía que estaba llegando al punto culminante de su experimento en aquel instituto. Necesitaba "alguien" de mente lógica, pero con mayor inteligencia que la asignada a la "creación" con la que había hablado, para hacerle ver lo que faltaba, y así fue. El último instrumento, perteneciente a aquella realidad que utilizaba su alma para encontrarse nuevamente a si misma, le proporcionaba la pieza restante.
-He podido seguir de cerca el razonamiento de Nietsnie. Pero antes de emitir un juicio quisiera saber, sólo por curiosidad, usted entiende –hubo una pausa acompañada de un leve carraspeo– ¿quisiera saber que pasó con esas personas, mmm... Lecram y Amam?
-Nada, ¿qué podría suceder? No existe ningún registro que indique que existan o hayan existido alguna vez. El vivía solo y su mejor amigo era el portero de la universidad a quien saludaba todos los días.
Trebla se acordó entonces del cuarto sellado. "Aún ahora, mi subconsciente se justifica. Claro, esto debía ser para que la realidad concuerde hasta el último momento, que ya está muy cerca". Puesto que así lo creía, que así lo sentía, así fue.
-Bueno, como le decía, he seguido de cerca el razonamiento de Nietsnie; su genio se manifiesta aún a través de su notable desequilibrio, pero creo que hay un detalle que él no podía ver por la misma naturaleza de su "verdad individual", era prisionero de ella, no podía ver en otra "verdad" que no fuera la suya. No veo razón, por tanto, para pensar que él tuviese el privilegio de ser el "ente" con la "verdad individual" en esta realidad. Yo podría pensar que soy yo el que existo y que él es sólo mi imaginación.
Pudo sentir como un torrente de bendita paz embargaba su mente, las ataduras de su camisa de fuerza se disiparon al igual que la imagen de los dos psicólogos, luego siguió el cuarto acolchado y, finalmente, Trebla Nietsnie desapareció.
1987
