Onacio M. colocó otra bala en el cilindro del revólver, una mueca burlona se dibujó en su rostro al llenar la sexta recámara del arma, levantó la vista para observar a su contrincante, el cual lo miró con cierto temor. Hizo girar el tambor y con un rápido movimiento de la muñeca lo colocó en su lugar.
Se hallaban en una habitación de unos doce metros cuadrados de color verde aceituna, sus paredes estaban diseñadas para que el sonido no las traspasara, no había ninguna ventana sólo la puerta que habían utilizado para entrar, del techo colgaba un cable que terminaba en un bombillo, el cual alumbraba la verdosa habitación. Los únicos muebles que habían eran dos sillas de plástico amarillo donde estaban sentados y frente a ellos, una pequeña mesa de fórmica roja donde se hallaban las apuestas del juego.
Onacio era un hombre blanco de mediana edad, ojos azules, nariz pequeña, labios delgados y pelo negro con un corte militar, su "idiosincrasia" lo hacía sentirse superior a su adversario, un joven negro, ojos pequeños, nariz chata, labios gruesos y un afro abundante que le creaba un casco de pelo, en su oreja izquierda tenia un arete de oro de unos dos centímetros de diámetro el cual estaba incluido en la apuesta.
Se apuntó el cañón del arma a la cabeza, y le dijo de un modo sarcástico a su compañero de juego...
-¡Perdiste negro!
El dedo índice apretó el gatillo, la detonación del arma retumbó en las paredes del cuarto. Onacio se levantó de su silla, recogió la apuesta guardándola en el bolsillo izquierdo de su chaqueta. Se dirigió hacia su oponente, y retirando de su oreja el arete, lo colocó junto al resto de la apuesta y salió de la habitación.
En el cuarto sólo dejó sus sesos haciéndole compañía al retador.
1989
