No es mi intención menospreciar la Ciencia Ficción dura, ejemplificada magistralmente en "Cita con Rama" (Arthur C. Clarke), "Epílogo" (Poul Anderson) y "Tricentenario" (Joe Haldeman). No, no es mi deseo menoscabar la calidad literaria de esas obras, pero me pregunto ¿a qué se debe la ausencia en la Ciencia Ficción de obras complejas? A excepción de algunas obras de Philip K. Dick y otros pocos autores, el resto de la literatura de Ciencia Ficción de los Estados Unidos es de estructura simple y lineal, todas requieren un lector pasivo que dilucide la trama a medida que el autor se la sirve en una bandeja. En otras palabras, esas narraciones ameritan únicamente un despreocupado lector hembra que capte el contenido sin ningún esfuerzo interpretativo.
La literatura de Ciencia Ficción, pasando a un plano más general, proviene (y esto no es ninguna sorpresa) casi exclusivamente de los Estados Unidos. El resto, una ínfima parte, se origina en Europa, en especial en Inglaterra (la cuna de H.G. Wells). Lamentablemente Latinoamérica fenece por falta de autores y lectores. No es mi propósito indicar que esta falta alarmante de material humano se debe a la imagen que tiene la Ciencia Ficción en todo nuestro continente cultural, imagen que fue plasmada apocalípticamente por malas películas y, esto es lo grave, por los comics, que para mucha gente es sinónimo de Ciencia Ficción. Debo aclarar que si los comics son una rama representativa de la Ciencia Ficción, son una rama degenerada y aberrante. Hagamos memoria y recordemos que los comics acabaron con la circulación de la mayoría de las revistas de Ciencia Ficción norteamericana y, aquí, en Latinoamérica formaron una avasallante coalición con las ridículas películas del espacio y destruyeron totalmente la imagen de la Ciencia Ficción a los ojos de la mayoría de los latinoamericanos.
Volviendo al punto original, tenemos ante nosotros dos problemas y una solución:
a) Toda la literatura de Ciencia Ficción que circula es de procedencia estadounidense casi exclusivamente.
b) Vivimos en Latinoamérica y hablamos castellano, desarrollemos nuestra propia literatura de Ciencia Ficción.
El primer punto no amerita explicación pues fue expuesto anteriormente. Es el segundo al que yo dirijo toda mi atención y constituye el centro de este ensayo. Además, de un problema se deduce otro y viceversa.
¿Qué es lo que pasa con los relatos estadounidenses?
La Ciencia Ficción dura sólo se interesa en la técnica, el hombre es el instrumento de la Ciencia y viceversa, pero ciencia y técnica son los personajes principales. El hombre o el extraterrestre son únicamente los forjadores de la trama. Ante esta tendencia surgió otra que tenía como protagonista al hombre (llamémoslo sujeto, terrestre o extraterrestre) y su actitud ante la ciencia, la técnica y la sociedad. Esta tendencia tiene entre otros cultivadores a Harlan Ellison ("No tengo boca y debo gritar"), Gordon R. Dickson ("Soldado, no preguntes"), Charles Logan ("Naufragio") y R. A. Lafferty ("Lenta noche de un martes").
Así nos encontramos ante dos vertientes que enfocan la ciencia y el sujeto desde dos puntos de vista, la ciencia ante el sujeto y el sujeto ante la ciencia.
Y mientras tanto Latinoamérica espera y absorbe toda esa liteartura sin producir nada.
Pasemos a otro campo de ideas, ¿Quién no ha leído "El Perseguidor" (Julio Cortázar) o "El jardín de los senderos que se bifurcan" (Jorge Luis Borges) o "Tres Tristes Tigres" (Guillermo Cabrera Infante) o "La Casa verde" (Mario Vargas Llosa) o "Cien Años de Soledad" (Gabriel García Márquez) o "Cuando quiero llorar no lloro" (Miguel Otero Silva) o "La Orgía Imaginaria" (Luis Britto García)? Nos encontramos sólo ante una pequeña muestra de la vasta y compleja nueva literatura latinoamericana. Literatura compleja, que presenta al hombre ante su mundo; la angustia y soledad que une a toda la humanidad en un solo grito de interrogación, la sociedad. Literatura que necesita un lector cómplice, sí, un lector cómplice. Un lector que desenrede la maraña de la trama, que participe en el esclarecimiento del pensamiento de los personajes. Un lector que interprete la obra y le de significado a cada una de las acciones de los personajes. En fin, se necesita un lector cómplice.
Este el verdadero problema de la Ciencia Ficción estadounidense, la simplicidad estructural y más aún la superficialidad con que se desarrolla la trama. Es justo reconocer que hay obras fuera de norma, pero a pesar de ello pululan las narraciones, los relatos, con una tremenda idea; relatos ingeniosos, donde la inventiva alcanza puntos fenomenales y, lo más importante, coherentes. Una trama absolutamente posible y real, pero totalmente superficial, sacrifican al sujeto en aras de la acción, y todo se va al diablo.
Pero está Latinoamérica, imaginen, imaginen.
La Ciencia Ficción admite infinita variedad de temas, es una veta que ha sido menospreciada en nuestro entorno por ignorancia. Sólo imaginen una nueva generación de escritores que revolucionen la Ciencia Ficción, una nueva generación con algún Vargas Llosa, algún Borges, algún Cortázar, etcétera. Una nueva generación que cultive la Ciencia Ficción, que haga de la Ciencia Ficción una corriente latinoamericana original. Una literatura que exprese con profundidad y complejidad el mundo de ahora, de ayer y de siempre. Una literatura de Ciencia Ficción enriquecida con un gran idioma: el castellano.
Eso es lo que yo aspiro y deseo.
1984
